La fiesta de todos los santos y fieles difuntos

La fiesta de todos los santos y fieles difuntos

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Primero y segundo de noviembre de cada año siempre los mexicanos recordamos a los muertos, en especial a los nuestros. La nostalgia impera en nuestros hogares y en cada uno de nosotros, con sus fotos y en nuestras memorias los tenemos presentes. Ahí están los que se fueron hace poco y los que desde hace muchos años dejaron de existir. Por la pandemia aumentaron nuestros familiares y conocidos que aún les quedaba mucho por vivir.

Nuestras ofrendas se llenaron de fotos, bebidas, pan, comida. Y acá entre nos, la preocupación de que no encontramos fotos de algunos seres queridos y recordados. Aunque en nuestras mentes sí están sus rostros.

Ponemos los caminos con los pétalos del cempasúchil, la flor mexicana -ahora con la competencia desleal de los chinos y la India-, para que las almas no se pierdan en el camino y sepan dónde está su casa, su altar. Es la flor que con su color amarillo se asemeja al sol. Viene del “náhuatl “Cempohualxochitl” que significa “veinte flores” o “ varias flores”.

Es símbolo de vida y muerte, es de fiesta . Todavía en Guerrero a los festejados se les pone su collar de la flor. Y también a los políticos, en los mitines y pachangas.

Esta tradición avanza por otras partes de la República haciendo que los sembradores de la flor mejoren sus ingresos, esperando detengan la invasión comercial del extranjero de nuestra flor, que al igual que la “Nochebuena” nos hacen nación y ahora peligran convirtiéndose en chinas, que nada tiene que ver con nuestra tradición, sobre todo de las más de 41 etnias que la llevan como su máxima fiesta.

Los días de muertos, de las almas infantiles, el primero y el dos de los adultos. Esta celebración se da en las zonas urbanas, sobre todo en las zonas rurales donde los recordamos de manera festiva, alegre y desde luego con la nostalgia de que muchos se fueron sin poderles decir adiós, o simplemente despedirlos como debe ser.

Son días católicos y a la vez paganos, se combinan tradiciones prehispánicas, de la Colonia y del mundo moderno, por cierto, hemos vencido las fiestas del vecino americano del Halloween.

En esos días impera la nostalgia y aunque algunos no crean, estas noches fueron de convivencia de los muertos con los vivos. Y pensando en uno mismo, y en los que nos rodean, sobre el día en que tengan que irse.

El maestro José Erick Mendoza Luján nos dice: “Muertos y difuntos; y almas, ánimas, espíritus, tonalli, teyolia, ihi- yotl, no son más que palabras que se sincretizan y simbolizan el mismo principio, lo que da vida, entidad anímica… el antepasado, en su forma anímica, es “el que viene de allá”, de donde es la región de los muertos, con un permiso para disfrutar, celebrar y reafirmar los lazos de identidad en una comunidad. El que viene es “el que se nos ha adelantado”, al que veremos, ¿pronto?, y viene con el mensaje de que existe “un más allá”, y los ritos han funcionado. La muerte es el umbral para pasar de “este más acá” a un sitio… ¿mejor?

… Esta celebración no es el duelo, no duele. No puede recibirse al pariente, al amigo, al antepasado con lágrimas en los ojos; es tiempo de fiesta… Al visitante se le abren las puertas y se le da en abundancia, porque gracias a su intercesión con la divinidad (Fieles Difuntos, santos, antepasados), nos han brindado una gran cosecha. El que venga, sea de aquí o forastero, es convidado, no vaya a ser el muerto disfrazado”.

Los católicos nos dicen que el día de todos los santos es cuando todos, incluso los que han superado el purgatorio, se han santificado totalmente y gozan la vida eterna en la presencia de Dios y vienen a visitarnos. Y los fieles difuntos, todos vuelven al mundo de los vivos.

Así sea por siempre.

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