La industria del despojo

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La única industria que en México se desarrolla a tasas de crecimiento envidiadas por los propios “Tigres del Pacífico” es la industria del despojo. No sólo nos despojan las crecientes gavillas de bandoleros especializados en el asalto, secuestro y extorsión, las mismas que ya representan un auténtico azote de la nación, no, también nos despoja el propio gobierno cuando nos priva de lo que es nuestro a través de pesadas exacciones, cobros injustos y violentos como lo son los embargos trabados sobre nuestros bienes al no haber pagado oportunamente los impuestos federales, estatales o municipales, sin que hayamos recibido a cambio la debida y obligada contraprestación en materia de servicios públicos.

Pagamos un sinnúmero de elevados impuestos al gasto, al consumo, al ingreso y a la tenencia de bienes, entre otros tantos más, para que el gobierno a través del gasto público provea a la sociedad de servicios públicos eficientes y sin embargo, dichas exacciones, no se traducen en una mejor calidad del aire, sino que respiramos veneno y partículas suspendidas que nos producen males indescriptiblemente mayores a la fibrosis pulmonar. A pesar de ello, ¡oh! estoica raza de bronce, pronto pagamos impuestos ecológicos al comprar un litro de gasolina, en tanto que los IMECAS urbanos se disparan hasta la toxicidad total. La industria del despojo florece gracias a la infinita paciencia ciudadana…

Pagamos impuestos para que el gobierno nos proteja del hampa a través de cuerpos policíacos profesionales, mientras que los criminales nos despojan de lo nuestro en plena vía pública, cuando no nos privan de la vida misma. Y, sin embargo, muy pocas veces pocas veces protestamos…

También pagamos impuestos para disfrutar de eficientes servicios públicos como los de salud. En este caso basta ingresar en una clínica pública para entender que estamos claramente frente a un nuevo fenómeno de despojo. ¿Cuántos derecho-habientes del Seguro Social prefieren una consulta con un médico particular antes de dejarse cortar ni un padrastro en dicha institución? ¿Para qué se liquidamos entonces las cuotas tan elevadas? ¿No estamos frente a un evidente despojo desde que pagamos por algo sin recibir el intercambio adecuado? ¿No lo estamos igualmente cuando no tenemos un buen servicio público de transporte? ¿Y la pavimentación de calles y banquetas?

¿Quién no ha entrado en alguna escuela pública rural? ¿No pagamos impuestos para tener una buena educación nacional para seguir siendo un país de reprobados? ¿Y los legisladores, frívolos, corrompidos y desleales generan las leyes esperadas por la sociedad a cambio de las dietas que cobran sangrando al erario?

¿Si se nos despojó del empleo, de nuestros ahorros y viviendas y de la esperanza por medio de las crisis económicas recurrentes como la de 76, 82, 87, 94 y 95 y 96, etc… no deberíamos tener, al menos, un espléndido sistema de impartición de justicia? ¡Horror! Una inmensa mayoría de ministerios públicos, jueces, magistrados y ministros han estado tradicionalmente sujetos a las “fuerzas del mercado…” ¿Y la aplicación de la ley…? Pagamos miles y más miles de millones para gozar de una justicia que no disfrutamos. ¿Cómo se llama cuando se paga por algo contra nuestra voluntad, porque si no se nos priva de nuestros bienes o de nuestra libertad, y sin embargo, no recibimos la contraprestación prometida? Si hubiera justicia simétrica una mayoría aplastante de funcionarios deberían haber perdido todos sus bienes y otro tanto, cuando menos 90%, tendría que haber ingresado en prisión, tal y como se encierra a los ciudadanos cuando evaden al fisco o incumplen con sus obligaciones. Si el ciudadano incumple se le despoja, ¿y al funcionario?

¿Qué tal la industria del secuestro en la que, en ocasiones, la propia autoridad está involucrada y lucra activamente junto con lo sdelincuentes amparada en su “autoridad”?

¿Cuando la sociedad mexicana ha presionado eficazmente al gobierno a través de un paro de contribuyentes? En lo que hace a la industria del despojo privado, la de los asaltos, la de los secuestros, la comunidad ya responde: se arma para defenderse por sí misma ante la descomposición moral y la indiferencia o incapacidad de la autoridad. Empezamos a entendernos a balazos. ¿Delicado, no…? El despojo crece mientras nuestra paciencia se agota…

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