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La paz narca

La paz narca

ADÁN JUÁREZ

A ver, a ver… El historiador Enrique Krauze dijo en su cuenta de Twitter: Un guerrillero mata por ideología, un criminal mata por dinero. Amnistiar a un guerrillero es una estrategia. Amnistiar a un criminal es una complicidad.

Su reflexión se produjo poco después de que “el eterno candidato” presidencial, Andrés Manuel López Obrador se manifestara a favor de otorgar el perdón o amnistiar a los líderes de las organizaciones criminales del país.

El pasado fin de semana en Quechultenango, Guerrero, territorio controlado por uno de los grupos más violentos del estado, Andrés Manuel López Obrador aseguró que en caso de ganar la Presidencia de la República, “otorgará una amnistía” a los lí- deres del crimen organizado para pacificar al país.

SEGÚN él, la guerra contra el crimen organizado es un error, pues pese a la aplicación de sanciones severas, el uso inadecuado de las Fuerzas Armadas solamente ha generado muertes.

“VAMOS a explorar todas las posibilidades, desde decretar una amnistía, escuchando también a las víctimas, hasta exigir al gobierno de Estados Unidos que lleve a cabo campañas para aminorar el consumo de drogas”, dijo. ¿Esta amnistía alcanzaría a los líderes de los cárteles? le preguntó un reportero.

“Vamos a plantearlo. Lo estoy analizando. Lo que si les puedo decir es que no va a quedar ningún tema sin ser abordado…

Luego de conocerse sus intenciones, en caso de llegar a ganar la Presidencia, hubo quienes salieron en su defensa aduciendo que sus declaraciones fueron sacadas de contexto. Pero no.

El propietario del partido Morena, ha reiterado sus pretensiones. “Se van a acabar las masacres”… No estamos de acuerdo de atacar la violencia con más violencia, apunta.

Lo que parece una declaración demencial, como lo manifestó Ricardo Anaya, dirigente de Acción Nacional, en realidad tiene un alto grado de perversidad.

Veamos. Cuando Andrés decidió apoyar a José Luis Abarca, a la presidencia municipal de Iguala, en 2012, supo a tiempo qué clase de fichita era. Aún así no hizo caso ¿Por qué?

La Secretaría de Gobernación descubrió que “el eterno candidato” estaba recibiendo apoyos financieros, por debajo del agua, para su campaña.

Asimismo, Abarca y su grupo delincuencial, le garantizaba una base social de votación importante en la zona.

Cuando estalló el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, hizo mutis. Y culpó a todos, inclusive a los elementos del Ejército que, por protocolo, no pudieron intervenir ya que era un caso del fuero común y estaba siendo atendido por los policías municipales del alcalde, su amigo.

A pesar de haber elementos que lo inculpaban en el conflicto, no compareció a rendir declaración ministerial, por aquello de “no victimizarlo”.

Andrés se sabe impune. Se rodea de los personajes con mayor negro historial, pero que le aportan dividendos. Y cuando son exhibidos ante la opinión pública, se deslinda. Todos son corruptos, menos él.

Mi plumaje no se mancha, repite.

Hoy no sorprende, por eso, con su intención de amnistiar a los capos que colaboren en su pretensión de llegar a Los Pinos.

Los líderes de los cárteles del país, poseen grandes cantidades de recursos ilícitos provenientes del narcotráfico, secuestro, cobro de piso y otros.

Esas grandes fortunas y el poder que detentan sobre las poblaciones que controlan en varias entidades, son un gran atractivo para cualquier político.

Su estrategia y complicidad, las dos juntas, refiriéndonos a la reflexión de Enrique Krauze, sirve para el asalto al poder. Y la justicia es omisa.

En países como El Salvador, Colombia, los grupos criminales han resultado más efectivos para su causa cuando se cubren con ropajes ideológicos.

La estrategia de Andrés, va por ese rumbo. “La paz narca” o de los sepulcros, diría yo, tiene fines perversos y peligrosos para la democracia y las libertades de México. Veremos, veremos. (unomasmega@gmail.com)