La próxima del próximo

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El Estado Profundo (EP) que conspira en Estados Unidos y fuera del imperio para sacar a Donald Trump de la Casa Blanca vivo o muerto, realizó hace dos semanas una jugada maestra de ajedrez imponiéndole a Joe Biden a la que podría ser la próxima presidenta norteamericana, Kamala Harris, como vicepresidenta.

 

Pero, ¿por qué la próxima del próximo? Mire usted. Joe Biden, que junto con Kamala Harris pertenecen al ala izquierdista del partido demócrata, tiene 77 años de edad y de sacar a Donald Trump de la Casa Blanca, si aguanta el trote, terminaría su presidencia a los 81 años de edad, y si todavía le queda cuerda iría por la reelección hasta el 2028, pero si llegase a estirar la pata por alguna enfermedad que lo aqueja, automáticamente, la señora Harris se sentaría en el Salón Oval como la presidente número 47 de los Estados Unidos y la primera mujer en llegar a la presidencia del país más poderoso del mundo y con opción a reelegirse otros cuatro años, que les garantizarían a los siniestros integrantes del Estado Profundo un nuevo predominio mundial, aunque estaría por verse si la próxima del próximo pudiesen sacar a EE.UU. de la más espantosa crisis económica con 40 millones de desempleados y una recesión económica solamente comparada con la depresión de 1929.

 

Donald Trump y los republicanos han pegado el grito en el cielo alertando a los norteamericanos con el cuento de que “ahí viene el diablo”, es decir, el socialismo o comunismo que históricamente ha sido el veneno puro del capitalismo. ¿Joe Biden y Kamala Harris serían capaces de desatar una Tercera Guerra Mundial para conformar en EE.UU. y el mundo una económica de guerra, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, que favorezca a el Estado Profundo?

 

El socialismo y el comunismo son vomitados por los republicanos que conforman el llamado cinturón de la Biblia norteamericana, es decir, los Cocaculeros de Atlanta, los petroleros texanos, las ponzoñosas cigarreras, los Rockefeller o las poderosas compañías de seguros que concentran casi el 40 % del PIB mundial y muchos otros potentados que dieron lugar a la llamada Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese conflicto ideológico, político, económico y militar terminaría con una victoria del capitalismo sobre el comunismo soviético, que fue combatido rabiosamente por Estados Unidos dentro y fuera de sus fronteras.

 

En Estados Unidos, el senador por Wisconsin, Joseph McCarthy, encabezaría la Comisión Senatorial que sentó en el banquillo de los acusados a cuantos socialistas y comunistas habían, en Estados Unidos. Ese senador de triste recuerdo se hizo odioso destruyendo a cualquier norteamericano que tuviese tendencias de izquierda.

 

En México, Estados Unidos le dio un manotazo al socialismo cardenista, evitando que Lázaro Cárdenas pusiera en la presidencia de la República a su compadre, Francisco José Múgica y la CIA norteamericana maniobró para imponer al llamado “presidente caballero”, Manuel Ávila Camacho. Estados Unidos permitió el socialismo en México con Lázaro Cárdenas porque le convenía al tío Sam que México rescatara el petróleo que controlaban las compañías inglesas, para que algún día se adueñara de nuestro excremento del diablo, lo cual ocurrió con Enrique Peña Nieto.

 

Hoy con Biden y Kamala Harris el socialismo se pone de moda en Estados Unidos y por todo el contiene americano. ¿Aguantará el capitalismo el trote del comunismo o estamos ante la misma gata, solo que revolcada, para que sigan siendo las grandes élites dominantes las que partan el queso en Estados Unidos y por todo el mundo?

 

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