La reconstrucción

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Desde el inicio del gobierno del primer presidente de la República, José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, más conocido como Guadalupe Victoria, en 1824, hasta nuestros días, jamás un Jefe del Estado Mexicano había destruido las instituciones, la economía, la seguridad pública, la educación y los servicios de salud, entre otros daños mayores, con la connotada eficiencia y rapidez con las que López Obrador ha logrado demoler la obra de nuestros padres y ancestros en tan solo 20 meses de su catastrófica gestión pública.

 

No es mi interés dar cuenta y razón en este breve espacio de los estragos derivados de las decisiones suicidas de AMLO, avaladas por su gabinete de notables cómplices del desastre, sin olvidar a sus incondicionales del Congreso de la Unión, sino tratar de encontrar las mejores fórmulas de aplicación inmediata, en el afortunado evento que el tabasqueño pierda el control de la Cámara de Diputados en el 2021 y, acto seguido, en el 2022, el electorado furioso revoque el mandato del gran destructor de México. Las cifras no engañan, los hechos son tercos por más que se aduzca la existencia de otros datos espurios de imposible comprobación.

 

Los nuevos diputados deben recuperar el control del Presupuesto Federal de Egresos y cancelar de inmediato la entrega de recursos públicos destinados a la absurda construcción del aeropuerto de Santa Lucía, de la refinería de Dos Bocas y del Tren Maya. Se debe continuar con los trabajos del NAICM, suspender sus supuestos programas sociales, opacos y sin reglas de operación en relación a los beneficiarios, sobre la base de que se dispone de 630 mil millones de pesos del erario para llevar a cabo la compra de votos en las próximas elecciones intermedias del año entrante. Si la idea era erradicar la pobreza, los cálculos más optimistas expresan un incremento de cuando menos 12 millones de pobres en este mismo 2020, por lo que los “programas sociales” sirven para comprar votos, pero no para erradicar la miseria, la primera obligación de un gobierno de izquierda.

 

Los nuevos legisladores no deben aprobar el proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2022, están obligados a levantar pliegos de responsabilidades y a rechazar la cuenta pública de 2021 por el manejo discrecional e ilegal del presupuesto. Se tiene que diseñar un nuevo y moderno Plan Nacional de Desarrollo y abstenerse de ratificar a los funcionarios federales establecidos en la Constitución que no reúnan los requisitos de neutralidad y capacidad.

 

En otro orden de ideas, es prioritario reconstruir a los partidos políticos, unir al PAN, sacudir por las solapas a los acobardados legisladores del PRI, aglutinar al Movimiento Ciudadano, iniciar investigaciones de los fondos públicos entregados al Partido Verde, al Partido del Trabajo y por supuesto a MORENA, a través de la Auditoría Superior de la Federación.

 

Se debe reponer el presupuesto a los hospitales públicos, financiar de nueva cuenta ProMéxico para contar con oficinas de representación comercial en el mundo, volver a instalar el Consejo de Promoción Turística y empezar el largo proceso de reparación de la marca “México”. Resulta inaplazable la creación de una comisión de sanidad dependiente de la Cámara de Diputados que refute con información clínica las decisiones de López-Gatell. Hacienda debe contar con fondos para financiar a las PYMES y evitar la expansión del desempleo, entre otros objetivos imposibles de reproducir en este espacio.

 

Pocas veces en la historia, la Cámara de Diputados había tenido un papel tan trascendental en el destino del país. AMLO lo sabe y por ello desea destinar una inmensa cantidad del ahorro público en la compra de voluntades para que los diputados continúen comiendo de las palmas de sus manos. El electorado, los familiares enlutados y los millones de desempleados y de pobres, podríamos iniciar en las urnas, el desmantelamiento de tan solo una parte de sus aberrantes políticas que han destruido, junto con un manejo irracional de la pandemia, la economía nacional. 2021 es crítico para empezar el proceso de reconstrucción de la patria. ¡Empecemos hoy!

 

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