La Reforma Educativa

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Los profesores afiliados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tienen tanto derecho a manifestarse y protestar por lo que consideran violaciones a sus derechos laborales como cualquier otro trabajador; sin embargo, en esa defensa también defienden privilegios que los separan del común de los mortales, como tener una plaza en automático para quienes estudien en escuelas normales; y los que sean profesionistas y aspiren a trabajar como docentes, ¿qué?

En realidad, en la movilización que llevaron a cabo, donde bloquearon las entradas al Congreso, los profesores que protestan y demandan la abrogación de la Reforma Educativa planteada por el entonces presidente Enrique Peña Nieto, que movilizó al magisterio, en especial de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, que están en las peores condiciones de rezago educativo, tenían razón en luchar por sus derechos laborales, que eran atacados por las evaluaciones, pero no en el ingreso a la docencia.

Durante muchos años, un problema latente, que seguramente tuvo alguna incidencia en el rezago educativo, fue la herencia de las plazas magisteriales o su venta, sea por quienes fueran, por el sindicato o por los profesores, pero dio al traste con las aspiraciones de quienes no eran hijos de maestros, quienes no tenían oportunidad para acceder al magisterio, como se pudo lograr después a través de la reforma que ahora desaparece así como inició, por pura voluntad presidencial.

La reforma tenía sus pro y sus contra, como cualquier otra reforma educativa que se haya impulsado en el país y las cuales, desde el Estado, se han impulsado con sus respectivas oposiciones en la historia del territorio mexicano; sin embargo, esta unió a institucionales y cetegistas al echar abajo el privilegio de heredar o vender las plazas, así como permitir el acceso automático a los estudiantes de las normales, que precisamente era una gran ganancia para la sociedad, pues permitía a otros profesionistas hacer el examen de oposición para obtener una plaza docente. Es ahí donde el privilegio se confunde con los derechos.

El problema es que los derechos son defendidos por una sociedad apática y desorganizada, pero los privilegios son exigidos por las movilizaciones magisteriales, que al parecer ganaron esta batalla con diferentes formas.

Definitivamente, los derrotados, aquellos que esperaban la convocatoria para concursar por un cargo de docente, serán relegados de nueva cuenta sin que nadie repare en ellos, porque ni siquiera supieron lo que perdieron o cómo perdieron.

En un país en que el déficit de empleos para los profesionistas ha crecido, restarle oportunidades para dárselas a una profesión en especifico está contribuyendo a la desigualdad. Y eso es lo que ocurre específicamente en el aspecto del ingreso al sistema docente nacional: muchos profesionistas verán canceladas de nueva cuenta sus aspiraciones y sus derechos por el privilegio de unos cuantos.

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