La revocación del mandato

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El Senado de la República aprobó el pasado martes la revocación de mandato de presidente de la República, como parte de un dictamen de reformas constitucionales en materia de consulta popular. La aprobación se logró con 98 votos a favor, 22 en contra y una abstención. El asunto fue ampliamente debatido y todavía, a partir de su aprobación, continúa siendo polémico, por las implicaciones que se ven en esa aprobación, se dice que abre la puerta a la reelección presidencial.

Con la aprobación de este dictamen también se precisaron las características de la solicitud de la revocación, y para pedirlo se podrá hacerlo una vez, cuando se cumplan tres años en ejercicio en el poder Ejecutivo. Para pedir la consulta tienen que recolectarse las firmas del tres por ciento del padrón electoral en por lo menos 17 estados, y el proceso será validado cuando participe el 40 por ciento de la lista nominal en la consulta sobre la cesación. En caso de suspenderse el mandato de algún presidente será el Congreso de la Unión el que elija al interino y se convocará en un mes a nuevas elecciones presidenciales.

La reforma constitucional fue aprobada por la mayoría de los partidos con representación en el senado, con excepción del PAN que se opone, aunque tres senadores panistas votaron a favor.

Si bien es cierto que la reforma constitucional abre la posibilidad de la reelección, también significa la posibilidad de premiar a un presidente que hace bien su trabajo para que continúe en el cargo. Por el momento lo que se aprobó fue la posibilidad de despedirlo, por medio de la revocación del mandato; para la reelección se abrirá en su momento un nuevo debate.

En México la reelección presidencial es el tabú político más arraigado, igual de arraigado estaba la idea de la infalibilidad del presidente de la República. Un presidente de México no fallaba. Dueño de todas las virtudes y ningún defecto, un presidente mexicano era omnipresente y omnisciente, en todos lados estaba y todo lo sabía, hasta que terminaba su periodo presidencial y entonces se conocían todos sus defectos y se regateaban las virtudes.

Todos y si no todos, la inmensa mayoría hablaba de los ricos ropajes del presidente; al final, después de su periodo se sabía que el presidente en realidad siempre anduvo desnudo.

Fue hasta que Andrés Manuel López Obrador comenzó a pedir la renuncia de los dos últimos presidentes de México, Felipe Calderón y Peña Nieto, cuando la infalibilidad presidencial se perdió. Un día sí y otro también, durante doce años y dos presidentes, a los cuales acusó de espurios, López Obrador pidió la renuncia. Pero sólo era una declaración y posición política sin posibilidad de llevarla a cabo de manera formal, porque el cargo de elección popular no se podía renunciar, al menos que se pidiera licencia. Ahora eso cambió.

A diferencia de Felipe Calderón Hinojosa y de Enrique Peña Nieto, López Obrador no tiene un líder político que encabece una campaña en su contra y que solicite su renuncia. No podrían ser unos disminuidos Calderón Hinojosa ni Vicente Fox que se manifiestan constantemente a través de las redes sociales, porque no tienen el poder político ni la autoridad suficiente y han sido rechazados hasta por los que se oponen a López Obrador.

Con una oposición política descabezada Andrés Manuel López Obrador podrá llegar a los tres años de ejercicio del poder sin que se preocupe por un opositor que pida su salida de la presidencia. Con el predominio de su partido en el que se erige como líder moral difícilmente tendrá quien le pida que se vaya.

Por ahora se repite la historia, sabemos que el traje que porta el presidente de la República es uno de los más bellos, nunca visto, igual podría ser reelecto al igual que lo pensaron otros presidentes del país y hubo quienes también los animaron a hacerlo. Pero para ser precisos, será después de su periodo que sepamos cómo era en realidad el traje del emperador, perdón del presidente.

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