La sociedad liberal capitalista

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La sociedad liberal capitalista tiene como unidad o elemento fundamental al individuo, este tiene preponderancia ante la colectividad; sea en el esquema económico, político y social. Su régimen político es la democracia liberal representativa. Su finalidad en lo filosófico, son los “derechos inherentes” del hombre, o, los llamados derechos fundamentales e inalienables encarnados en cada individuo: derecho a la vida, la libertad, la felicidad, En lo material, en esta sociedad se garantiza la libre iniciativa y el apetito o el deseo de lucro, el interés propio, la acumulación de riquezas y la propiedad privada. El éxito en esta sociedad se mide en función de la riqueza que se tenga. El individuo es el protagonista y objetivo final de este orden político-económico, muy diferente a las teorías que dan preferencias a la comunidad o colectividad. En consecuencia, en la sociedad liberal, la sociedad y el Estado protegen al individuo.

¿Porque se le da a esta sociedad económica el nombre de liberal? En el siglo XVIII, existieron unos economistas a los cuales se les conoció con el nombre de fisiócratas; y según estos, la sociedad y la economía se rigen por “leyes naturales”, en particular, al mercado capitalista. ¿Cuáles son estas leyes? El primero de los elementos del mecanismo capitalista es el interés egoísta, el apetito de lucro y de hacer riquezas, esta es la finalidad de la sociedad liberal capitalista y que mueve a la iniciativa privada. El segundo elemento es la “competencia” entre productores y compradores; el tercer elemento es la ley de la oferta y la demanda que regula la producción y los precios. Estas leyes se refieren a las relaciones del productor o capitalista con los consumidores. Pero lo mismo sucede con las relaciones del capital y el trabajo, es la ley de la oferta y la demanda la que ejerce una regulación automática del nivel de salarios, impidiendo que ellos suban o bajen desmesuradamente. “El fenómeno económico, es un fenómeno natural”, decían los fisiócratas, y “lo lógico es dejar que actúen por si mismas las leyes naturales”; sólo así son eficaces y funcionan mejor; y no necesitan de la intervención del Estado.

Fue el fisiócrata francés, Vincent Gournay, quien acuño la célebre fórmula “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar); el dejar hacer, consistía en cancelar las limitaciones del intervencionismo y abrir el campo a la iniciativa individual; por dejar pasar, se entendía abrir las puertas de las naciones, suprimiendo las barreras aduaneras, de modo que se estimule y active la circulación de la riqueza. Esta es la esencia de la teoría económica liberal. Y es en este punto cuando nació el liberalismo económico conservador.

Los liberales “puros”, veían en éstas “leyes naturales” del mercado capitalista, una garantía permanente de desarrollo tendiente a la prosperidad y la armonía dentro de la sociedad capitalista. Pero resulta que dichas “leyes naturales” no han dado los resultados esperados. Para empezar fueron desnaturalizadas por los monopolios y carteles, anularon la competencia y dieron carácter artificial a los precios, desvirtuando los efectos de la oferta y la demanda. Continuará.

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