La sucesión gubernamental

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En política hay acuerdos, pactos inconfesados, arreglos bajo la mesa. La idea de quienes aspiran a gobernar o ser representantes populares siempre es ganar obteniendo el mayor número de sufragios.

La democracia es alternancia en el poder. Hoy toca gobernar a Morena como ayer al PRI o al PRD.

Los ciudadanos son partícipes o no de esas transiciones pactadas desde altas esferas que toman las decisiones del rumbo del país.

Por eso, lo que sigue es el reacomodo de los grupos de poder. Y eso genera malestar, incomodidad entre quienes se dicen participaron en una campaña, y se merecen estar en el gabinete.

En 2005 y luego en 2011 se les decía a los militantes de izquierda: “Luchamos por un proyecto no por puestos”. La historia se repite.

Sin embargo, el triunfo del 6 de junio fue de los guerrerenses que salieron a votar, no de los militantes del partido, que hoy se muestran indignados porque creen que se merecen ser tomados en cuenta en la conformación del gabinete.

Y que consideran que hay otros que no merecen estar. Y otra vez la gobernabilidad entra en crisis. No solo por la oposición sino por quienes se dicen merecen ser tomados en cuenta para un espacio de poder.

La de Guerrero fue una campaña muy difícil al interior del partido, y si Morena ganó la gubernatura se debió a todos los esfuerzos que se fueron sumando al observar tanto canibalismo político en ese partido y que persiste como un cáncer al interior de dicho organismo político, que pareciera que ser militante o fundador otorgará permiso para descalificar a los demás o fueran dueños de una patente o marca que ganó apenas 16 ayuntamientos de 80. Sin considerar Ayutla.

Los morenistas perdieron Iguala y ganaron Huitzuco. Pero los triunfos o las derrotas no son para siempre, Tixtla ha sido priista, luego perredista y ahora será morenista.

Ni siquiera los programas federales de bienestar influyeron en los resultados electorales. Han sido los ciudadanos quienes con su voto optaron por la opción que consideraron los representaba.

Por ello es que ahora se tendrá que gobernar para todos los guerrerenses, no para un partido político en específico. De los resultados en el ejercicio del poder se dará continuidad a un proyecto político o se regresará a la desilusión. Y otra vez se reconfigurará el mapa electoral en el estado. Si no, al tiempo.

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