La trampa del siglo

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Con gran pompa fue presentado en la Casa Blanca el plan del presidente Donald Trump para la paz en el Oriente Medio, un documento sesgado y lleno de trampas que busca legalizar la usurpación de Israel sobre gran parte del territorio palestino y hace inviable la propuesta de la ONU de dos estados vecinos y soberanos.

Si hacía falta un símbolo de que en realidad el proyecto es por completo favorable a Tel Aviv, basta con darse cuenta de que en el acto del anuncio estaba presente, además de Trump, el primer ministro sionista, Benjamín Netany ahu, y que ninguna autoridad palestina fue invitada a la ceremonia.

El llamado “plan del siglo”, en realidad la estafa del siglo, fue elaborado durante casi tres años por el yerno del presidente estadounidense, Jared Kushner, cuya familia es íntima amiga de Netanyahu.

Para decirlo de manera resumida, el texto propone reconocer la ley y la soberanía de Israel sobre los territorios palestinos ocupados en Cisjordania, incluido el Valle del Jordán, que es precisamente la zona más fértil e irrigada de esa región. Además, le entrega a Tel Aviv el control absoluto de la seguridad terrestre, marítima y aérea de toda la zona, incluyendo Cisjordania y la Franja de Gaza, y declara la ciudad de Jerusalén como capital indivisible de Israel.

No en balde el primer ministro sionista se apresuró a declarar que el “acuerdo del siglo es también la oportunidad del siglo” y aseguró que su país hará todo lo posible para que se cumpla puntillosamente.

Para Palestina, se trata de una cruel burla que hace añicos todas sus aspiraciones, así como los acuerdos y resoluciones aprobadas en la ONU y el Consejo de Seguridad.

Como condición para la creación de su estado, se les exigen concesiones prácticamente irrealizables, como reconocer a Jerusalén como capital única de Israel, descartar el desmantelamiento de las colonias judías edificadas ilegalmente en territorio de Cisjordania, renunciar al ejercicio de la defensa propia de su seguridad y soberanía, así como el retorno de los cientos de miles de palestinos refugiados en otros países.

Cisjordania y la Franja de Gaza serán todo el territorio reconocido a un eventual estado palestino, pero separados entre sí y conectados nada más por una red de puentes, subterráneos y una línea de ferrocarril.

Como una especie de zanahoria, después de estos palos se les propone un fondo de 50 mil millones de dólares en inversiones, que no será controlado por los palestinos, sino por consorcios estadounidenses e israelíes.

Se les ofrecen también algunos distritos de Jerusalén oriental, pero no se sabe cómo se hará esto porque el texto parte de declarar a la llamada Ciudad Santa como indivisible capital israelí.

El gobierno y todas las organizaciones palestinas rechazaron categóricamente el plan de Trump, un texto que nació muerto y que difícilmente contará con el apoyo de la comunidad internacional, porque es fantasioso, irrealizable y absolutamente proisraelí. Más que un plan de paz, es casi casi un llamado a profundizar la guerra y acelerar la muerte de la causa de uno de los pueblos más martirizados del mundo.

Fin.

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