La transición democrática del poder

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Los ciudadanos con su voto delegan en quien confían administrará los recursos públicos con honestidad, transparencia y siempre pensando en el bien común.

Y así como delega el poder en una persona que los va a gobernar ya sea en su colonia, su ciudad o su estado, también le entrega un impuesto o una recaudación para que se realice obra pública.

A su vez, el gobernante está obligado a realizar en forma cotidiana informes a sus representados cada vez que se lo soliciten.

Y también a escuchar a los ciudadanos en audiencia pública de cuál es su malestar, inconformidad de la forma de ejercer el poder o la administración de los recursos.

Desafortunadamente, existen prácticas heredadas de sus antecesores del dinero por ingresos propios ya sea de impuesto predial o de cobro en vía pública o de multas en seguridad pública o en tránsito municipal, que pareciera que esos recursos no van al escrutinio público y son manejados de manera discrecional o mediante fondos perdidos, partida secreta o un sinfín de artimañas inventadas para considerar a ciertos recursos casi como propios o para uso personal del funcionario público o representante popular.

Cuando se revisan las partidas presupuestales aprobadas en las legislaturas y los resultados, la mayoría del recurso público se va a salarios de los trabajadores y muy poco presupuesto se destina a obra pública, pero en este último rublo también ha existido la tradición del moche o diezmo, es decir, la autoridad para beneficiar a tal o cual empresa de algún bien licitado le pide una parte de lo presupuestado y es ahí donde merma la calidad de la obra, aunque todo sea legal ante los organismos de transparencia que dicho sea de paso también se coluden con la autoridad para aprobar sus cuentas de sin problema alguno y hasta solventando desfalco o justificando desvíos.

Ante estas prácticas, los ciudadanos le apuestan a un cambio no solo de partido, también de personajes que aseguran ellos no son iguales con tal de ganarse la confianza del electorado el día de la jornada electoral.

En ese escenario es que pronto se renovarán las alcaldías, pero dejan deudas no solo al ISSSPEG, también no hay dinero para pago de aguinaldos por lo que los munícipes entrantes se verán obligados a pedir un crédito puente o un adelanto del presupuesto del próximo año, lo cual le permitirá evitar la ingobernabilidad en el corto plazo, pero continuar con un problema que cada administración hereda a la siguiente.

Por lo que se observan visos de ingobernabilidad local.

Si no, al tiempo.

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