La UAGro, solidaridad política

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Durante la emergencia producto de los huracanes “Manuel e Ingrid”, en el 2013, la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) asumió una nueva vocación de vinculación social, la de participar activamente con brigadas de protección civil, recolección y distribución de víveres, atención médica y sanitaria, y en esta ocasión después del huracán “Max” y el sismo del 19 de septiembre, la institución volvió a realizar estas funciones humanitarias.

Aunque la UAGro no fue la única institución de educación que junto con sus estudiantes salió a las calles y a los pueblos a solidarizarse, sí es la que mayor cobertura alcanzó. Incluso tuvo oportunidad de enviar a la ciudad de México, Morelos y Puebla, alrededor de 30 toneladas de alimentos, ropa, medicina y artículos de limpieza para los damnificados por el sismo y el huracán.

Además de esta ayuda material, la comunidad universitaria que encabeza el rector Javier Saldaña Almazán, está contribuyendo con ayuda de profesionales del área de medicina, psicología, geología e ingeniería para atender a poblaciones de la Costa Chica, en donde no estaba fluyendo la ayuda necesaria; de tal manera que la ayuda fue a las personas y la evaluación de viviendas e inmuebles.

La política universitaria de solidarizarse en momentos de emergencia con la sociedad de Guerrero y ahora con otros estados, es una nueva forma de vinculación social. Estar a un lado del pueblo guerrerense en sus momentos de dificultades, en una nueva reedición del modelo Universidad- Pueblo, bajo otras vías y otras modalidades.

La UAGro instaló centros de acopio, en donde la comunidad universitaria, docente, administrativos y estudiantes, además del resto de la población acudieron a donar diversos artículos que pudieran paliar las necesidades más elementales, como alimentación, vestuario y descanso.

El comportamiento solidario de la Universidad con la gente de Guerrero, que inició en el 2013 es redituable en el reconocimiento social de la institución y haya un sentimiento de identidad y orgullo, y eso se logra realizando acciones socialmente aceptables, como es el caso.

La Universidad ha pasado por varias fases en su historia. En las primeras tres décadas, 60, 70 y 80, fueron años de convulsión social, en la que la institución fue una protagonista de primer orden en la lucha social, porque esa era la vocación social. Primero con la lucha contra el gobernador Raúl Caballero Aburto, posteriormente en la simpatías que despertó la guerrilla y que llevó a cientos de estudiantes y trabajadores universitarios, a ser víctimas de la Guerra sucia, luego en la lucha por sobrevivir al recorte presupuestario; en la década de los 90, la Universidad luchaba por encontrar una nueva vocación, derrumbado el Muro de Berlín y el socialismo real, los rectores y gobernadores de Guerrero se acercaron, los mandatarios sabían que era lo que querían de la institución, y era que se mantuvieran en sus aulas; pero los rectores no estaban claros cómo vincular nuevamente a la institución con la sociedad. Así se mantuvo a estudiantes, por un largo tiempo en las aulas, sólo con algunas actividades esporádicas, sobre todo en periodos electorales, pero con una escasa y pobre vinculación social.

Esto cambio a partir del 2013, en el que se redescubrió de nuevo la forma en qué la Universidad debería estar cerca al pueblo al que se debe, y que con toda la cobertura y recurso humano disponible, pero sobre todo siempre en plena disposición para colaborar; infraestructura, la intervención universitaria organizada encontró esa oportunidad de colaborar, solidarizarse y trabajar como una actividad extracadémica, en el que tanto la sociedad y los pueblos afectados por los fenómenos naturales han encontrado apoyo y alivio con el Alma Mater de muchos guerrerenses, que pueden decir satisfechos y henchidos que son orgullosamente UAGro.

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