La UAGro y el ISR

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Entre los trabajadores de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) levantó revuelo y preocupación el cobro del Impuesto Sobre la Renta (ISR) a todos los ingresos, como bonos, primas y aguinaldo, y no solo al salario base como se venía aplicando. El asunto fue turnado a una sesión extraordinaria del Consejo Univer­sitario para informar de la exigencia del Sistema de Administración Tributaria (SAT) en el entendido de que era necesario timbrar la nómina universitaria so pena de no recibir los subsidios.

 

El Consejo Universitario en la sesión del miércoles pasado determinó que se aplicara el cobro, aun cuando se continuara la pelea porque se gravara el salario base como había venido ocurriendo durante cinco años, en el que por negociación con los gobiernos federales no se gravaban las prestaciones de los trabajadores de la UAGro. Las reacciones fueron en varios sentidos, aquellos de quie­nes consideran aceptar sin más el descuento y de quienes consideran que no es momento apropiado para aplicarlo; pero también surgieron aquellos dispuestos a tomar esta disposición como una bandera política con miras a la sucesión de la rectoría.

 

En el proceso de duelo por el descuento a los ingresos hay las mismas fases, la ira, la negación y la resignación. Pero sí de algo es seguro es que al igual que la muerte, el pago de impuestos es algo que no se puede evitar. Du­rante cinco años se evitó por negociaciones, pero llegó ahora en un momen­to que parece ser inoportuno por la crisis de la pandemia por el COVID-19, pero es lo mismo que explica la exigencia del pago, porque es ahora en que el Gobierno federal requiere de mayores recursos.

 

En torno al pago que tienen que hacer los universitarios del ISR, es simi­lar a la problemática ocurrida cuando se afiliaron al ISSSTE, en 1992. Fue a partir de esa fecha que comenzaron a cotizar y a correr la antigüedad labo­ral; de tal manera que quienes ingresaron, por ejemplo, en 1982 a la UAGro tenían diez años no reconocidos porque no los habían cotizado, y el reconocimiento a la antigüedad real fue cubierta por la institución, pero mientras eso ocurría los trabajadores no contaban oficialmente con su antigüedad real ante la dependencia federal.

 

Ahora el pago del ISR, que como la justicia divina, finalmente nos alcan­zó, y que se aplicará a las prestaciones de diferentes tipos y cuyas cantidades varían de acuerdo con cada caso personal pero que tendrá repercusiones en el salario de todos los empleados universitarios, esto será utilizado como bandera política aprovechando el descontento del descuento en los ingresos económicos. Habrá quienes señalen que por qué si durante cinco años se evitó el ISR a las prestaciones ahora se aplica y no se extendió el periodo de gracia.

 

Sin embargo, es pertinente recordar que cualquier ingreso económico extra siempre será oportuno, y cualquier descuento también siem­pre será inoportuno.

 

¿Cuál es la emoción que debe prevalecer en ese trance? La molestia porque se nos aplicará el descuento por el Impuesto Sobre la Renta o el agradecimiento por haberlo postergado durante cinco años.

 

La respuesta de los sindicatos de trabajadores académicos y el de los administrativos será la que indique la mayoría de los universitarios afiliados, porque a ellos se tiene que responder, sin embar­go, las acciones, demandas y amparos no resulta­rán efecto porque es un impuesto que legalmente se tiene que hacer.

 

El cobro de los impuestos en México ha sido siempre selectivamente ineficiente, porque ne­gociaciones que prosperen en un gobierno para evitar el pago de tributos pueden no prosperar en otra administración, como ejemplo, pode­mos mencionar la exigencia pública que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador a empresas privadas de que pagaran sus deudas con el SAT.

 

Sin embargo, no se puede posponer indefi­nidamente, en algún momento en el devenir del tiempo se tendrá que pagar esa factura.

 

En este sentido, la mayoría de las escuelas, directivos y trabajadores han tenido la cortesía de agradecerle al rector de la UAGro, Javier Saldaña Almazán, que se pudieron conseguir algunos años de gracia para evitar el pago de las prestaciones.

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