Lágrimas y risas

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“Del rumor nadie se salva, sobre todo en temas como la sexualidad o la estupidez”, sostenía el escritor, investigador y académico Boris Berenzon Gorn, quien en su libro “Re/tratos de la re/vuelta” lograría reunir más de 4 mil chistoretes, anécdotas y motes con los que se les ha conocido a los gobernantes mexicanos, que a lo largo de la historia del presidencialismo mexicano e incluso desde la época colonial, retrata con singular humor negro la personalidad de cada gobernante, de la que los ciudadanos de a pie suelen hacer cera y pábilo para cobrárselas a carcajadas a los gobernantes que los han hecho llorar. Boris Berenzon sostenía la tesis de que “entender la política mexicana desde la solemnidad es un gran error, porque tiene una parte humorística, porque se quita lo formal al poder y aparece lo que piensa la gente. El inconsciente colectivo se encuentra a través del chistorete”, que los exhibe a los politicastros como lo que realmente son: idiotas, ignorantes, ladrones, amantes del arroz con popote, etcétera, etcétera.

Se decía, por ejemplo, que cuando Porfirio Díaz llegó al cielo, Dios no se levantó a recibirlo por miedo a que ocupara su trono. De los transas, el llamado cómico de la política, Jesús Martínez Palillo, solía llamarles “mendigos pulpos chupeteadores” … y a los gandules les aplicaba el siguiente dicho popular: “La ociosidad es el vicio de todas las madres”. A López Mateos le llamaban “López Paseos” por aquello que le encantaba viajar al extranjero y decían que para las mujeres era más gallo que el que les canta a las gallinas de mi pueblo; a Anastasio Bustamante se le conocía como “El come huevos” por aquello que se comía 15 huevos diariamente. A Antonio López de Santa Anna le conocemos también como el “Quince uñas” por aquello de que perdió una pierna en la Guerra de los Pasteles que México sostuvo contra los franceses en 1839.

Cuentan que cuando los villistas le tumbaron la mano derecha a Obregón en Santa Anna del Conde, por lo cual se le conoció como “El manco de Celaya”, no encontraban la mano del sonorense hasta que alguien tuvo la brillante “idiota” de sacar de su bolsillo una moneda de oro y lanzarla como un volado y de pronto apareció la mano de Obregón para apoderarse de la moneda. Nadie se escapa. Hoy, a López Obrador ya se le conoce con los motes del “Mesías tropical”, “El americano”, “El cábula”, “El peje” y el más reciente como “El té de manzanilla”, porque a todos cae bien pero no sirve para nada. A propósito, ahora con el regreso a clases el maestro de español sometió a evaluación a los chiquillos quienes tuvieron que identificar el sujeto en oraciones cortas. “A ver Pepito, pon mucha atención… el gobernante salió malo. Ayúdanos a identificar en dónde quedó el sujeto”. A lo que Pepito respondió: ¡En Palacio Nacional maestro!

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