Las culpas del presidente y el gobernador

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Debido a que los llamados del grupo de “derecha” culpan al gobierno actual de todo lo que, a juicio de ellos, suceda o no, pues manifiestan sus incómodas posturas, agrediendo al propio AMLO, de tal manera que se advierte que sí están aprovechando la libertad, negada por otros gobiernos, represores con acusaciones penales e inclusive perdiendo la vida. Pero antes no había protestas, había temor a las consecuencias.

 

A todos nos consta que las autoridades estatales y locales han manifestado el apresuramiento para que quienes viven o se han adueñado de terrenos en las márgenes de los caudales acuíferos formados en épocas de lluvias, se apresuren a proteger y prevenir las pérdidas que pudieran ocasionarse con los desbordes de ríos y arroyos. Aquí viene lo de mi exordio, prefacio o preámbulo anotado arriba. ¿Que si hay muertos y desaparecidos por esas circunstancias? Lo más inmediato. El presidente tiene la culpa. O el gobernador y la presidenta municipal.

 

En estos casos la solución estaría en ofrecer ayuda. Dinero, casas nuevas y de perdida, indemnización… Y es que “las autoridades no tuvieron o no pusieron —dicen— la debida atención a los problemas”. Sí, por supuesto que alguien que autorizó o por lo menos soslayó la situación de permitir construcciones, rudimentarias o no, en terrenos totalmente inapropiados. ¡Ah!, porque antes debieron exigir instalaciones eléctricas y servicios de agua potable, pavimentación y todo lo demás.

 

Hay gente que, no importándoles que la pandemia no ha terminado, salen a las calles, hacen reuniones familiares y vecinales, organizan juergas, sin protección alguna y consumiendo bebidas alcohólicas y etc. No soy investigador y menos científico, pero, con rudimentarios estudios y un poco de lógica y quizá impregnado de mucha ignorancia llego a la conclusión de que, si el virus que está ocasionando ocupaciones exageradas en hospitales y, llevando a la muerte a mucha gente, siendo un microorganismo tan pequeño como imperceptible, que inclusive puede flotar en el aire, no me explicó cómo es que ese ser tan patógeno pueda evitarse con solo un cubreboca.

 

Si el virus es tan pequeño y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo y que puede medir entre 18 y 20 nanómetros de ancho y un nanómetro = una millonésima parte de 1 milímetro, son detectables solo con microscopios, imagine el tamaño y sobre todo su peso. Piense en qué parte de la superficie de la tierra en la que estamos, que no anden flotando. En tales circunstancias, pensemos si un tapaboca —y si estos seres no deben penetrar por este— es suficiente para evitarlos y si no quedan impregnados en toda nuestra indumentaria y nuestro cuerpo y piel.

 

No pretendo ni que me hagan caso y menos presumir de alarmista, pero, la llamada “sana distancia” podría evitar su contagio solo en el caso de que el vecino posea el virus y nosotros estemos limpios y a salvo, pero, si flotan por todos lados, de qué, de quién o cómo podremos estar a salvo. Y deben servir esas máscaras translúcidas que solo cubren el frente y dejan los costados descubiertos; no que flotan en el aire, entonces qué cubren o de qué protegen. Quizá dependamos únicamente de nuestras defensas y estado de salud. Solo lo pregunto.

 

Las células bacterianas son también muy pequeñas; entre uno y 10 micrómetros (µm una millonésima del metro) de longitud, y solo pueden observarse con ayuda de un microscopio.

 

FIN

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