Las lecciones de los temblores

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Hace 34 años un temblor de 8.1 sacudió al país y el lugar más afectado fue la ciudad de México. Muchos de los cambios políticos y sociales fueron explicados a raíz de las afectaciones del sismo en la capital del país, no sólo porque se trataba de la ciudad más urbanizada, poblada y desarrollada, que ante la lentitud de reacción de las autoridades, se dice, la solidaridad social se manifestó y permitió conocer los alcances de la organización de la sociedad al margen del oficialismo.

El descontento por la lenta y burocrática respuesta gubernamental, generó un clima que habría de incidir, presuntamente, según muchos analistas en el comportamiento político electoral de los ciudadanos capitalinos, que a la postre afectaría al PRI en las elecciones de 1988.

Hace dos años otro sismo de 7.1 grados, con afectaciones ya no sólo en la ciudad de México sino en otras entidades, como Oaxaca, Morelos y Puebla, se volvió a manifestar la conciencia solidaria frente a la lentitud institucional. Sin embargo, a diferencia del anterior temblor, este no fue considerado como un detonador de la movilización cívica.

A diferencia de temblor de 1985, en que la presencia dominante del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y a cuyas líneas pertenecían la mayoría de los gobernantes, servidores públicos; en el 2017 la presencia de más partidos gobernantes, funcionarios de todos los colores partidistas, que aunque se manifestaron descontentos contra todos ellos, en muchos casos por la rapiña que encabezaron desde las oficinas gubernamentales.

Aunque no se pudiera considerar que sea propiamente como resultado del temblor del 2017, el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en el 2018, seguramente fue algo que también alimentó el descontento contra los partidos mayoritarios de aquel momento.

Si bien los sismos mencionados, por la magnitud de los daños, han logrado despertar la conciencia cívica para solidarizarse con los directamente afectados y reclamar a las autoridades por la forma que actúan ante las emergencias, esto ocurre de manera espontánea y entre sus lecciones no ha habido una continuidad.

Así aunque cada año, después de 1985 se convoca a los simulacros para prevenir pérdidas humanas como efecto de los temblores esto se va diluyendo con el paso del tiempo hasta que ocurre una desgracia de nuevo.

En 1985 fue la primera ocasión en que los mexicanos, en especial los residentes de la capital pudieron ver con qué facilidad pudieron organizarse al margen de las organizaciones clientelares del PRI y del gobierno. Era un hecho sin precedentes, por el número de personas que reaccionaron, se organizaron y trabajaron en pos del rescate de quienes quedaron atrapados.

Aunque, en el entonces Distrito Federal ya había organizaciones gremiales y movilizaciones sociales y políticas alternativas y opositoras a las del PRI fue la ocasión en que alcanzaron el mayor número de personas, y eso fue una de las mayores enseñanzas del sismo del 85, que más allá del PRI podría darse la organización.

El sismo del 85 provocó también un temblor en el sistema político mexicano, la sacudida que sufrió a la larga tuvo su epicentro ahí. Sin embargo esas lecciones que se han dado en los temblores más dañinos en la historia del país se han olvidado al paso del tiempo, tanto que cada vez que ocurre se vuelve a aprender como si fuera la primera vez.

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