Lecciones del Holocausto y la intolerancia

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Hace unos días fue conmemorado el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, tras la acción del Ejército Rojo –el 27 de enero de 1945- de rescatar a todos los prisioneros víctimas del régimen Nazi.

El 27 de enero es una fecha que la ONU rememora como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, en datos históricos un genocidio en el que murieron seis millones de judíos y muchos otros millones de prisioneros de guerra, disidentes políticos, gitanos, homosexuales, discapacitados, masones y miembros de otras minorías.

En estos momentos, una celebración así es de lo más oportuna, opinó Valentín González, responsable de la Secretaría Internacional del Movimiento contra la Intolerancia.

Para el también presidente de la Red Europea contra los Delitos del Odio, este tipo de acontecimientos no deben olvidarse no solo por el exterminio masivo de seres humanos y por “la memoria de las víctimas”, sino también por la política nazi de criminalizar a grupos de personas previamente.

“Es una obligación moral recordar el Holocausto que comenzó con la llamada Solución Final, resultado de la decisión del régimen Nazi de exterminar a los judíos”, dijo el activista español.

“La Solución Final fue la culminación de muchos años de desarrollo de las políticas nazis: desde los primeros escritos de Adolf Hitler sobre la necesidad de una solución a la cuestión judía en Europa, pasando por los intentos nazis de inducir la emigración masiva durante la década de 1930 y el plan de deportación colectiva a un destino determinado durante los primeros años de la guerra, hasta la decisión, en 1941, de exterminar totalmente al pueblo judío”.

Del pasado inmediato, González con quien conversé para esta columna, destacó las políticas de manipulación así como las teorías conspirativas que en su caso estigmatizaron a la población judía aunado al auge del populismo xenófobo que se constituye en una narrativa que criminaliza a otros seres humanos.

“Y, lamentablemente, sucede por una intolerancia hacia las ideas políticas, sexuales, religiosas; o por el color de la piel, por la raza, por las ideas, la cultura, un poco de todo”, agrega.

¿Qué defensa hay contra la intolerancia? La respuesta para el defensor de los derechos humanos es que con independencia del momento histórico en el que estamos, “y digamos que el siglo XX tuvo una primera mitad muy mala”, no podemos obviar que el 1 de enero de 1942 sucedió la Declaración de las Naciones Unidas para preservar la justicia y los derechos humanos y fue signada por 26 países; significó un arma defensiva frente a la intolerancia que nos es muy útil en la actualidad.

A COLACIÓN

Diversos países han comenzado a legislar en materia de delitos de odio para evitar que el uso indiscriminado de las redes sociales en la llamada Sociedad de la Información termine incubando -de forma más fácil y rápida- ideas que inciten al rechazo al otro y lo hagan de manera violenta y terminal.

El terrorismo que ha dejado miles de víctimas civiles, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, hasta la fecha en diversos países del mundo es una muestra de la intolerancia y la política del odio de grupos terroristas como Al Qaeda y la Yihad que enarbolan una retórica arcaica de rechazo de los valores representados por Occidente en el terreno de la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto por la libertad.

En voz de González, en 2020, los delitos de odio son la consecuencia violenta y directa de la intolerancia, pero mientras permanezca en el cerebro de alguien y de allí no salga ningún tipo de acción “entraría hasta en la conciencia de la persona”; en el momento en que alguien agrede a otra persona o la amenaza o quiebra su dignidad sucede una intolerancia.

Para el experto en derechos humanos tampoco debe quedar desapercibido el actual lenguaje político en diversas campañas “ya sea con Trump en Estados Unidos” o bien en el caso del “Brexit en Reino Unido” lo que se busca es polarizar.

“Hay campañas electorales basadas en criminalizar a otros seres humanos, y hay evidencia científica de que allá donde prolifera el discurso de odio se quiebra la seguridad colectiva y la de los colectivos vulnerables”, indicó convencido.

En suma, la intolerancia, la discriminación y la política del odio no están circunscritas únicamente al Holocausto y a la actuación del régimen Nazi y de otros gobiernos fascistas incluye las formas más variadas desde la persecución de los Tutsi en Ruanda, de los católicos en Nigeria, de los albinos en Uganda, de los sirios en Hungría, de los gitanos en España, de los transgéneros en Rusia, de los mexicanos en Estados Unidos, de los centroamericanos en México… la lista es interminable.

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