Lo mínimo en información

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Hace tres décadas se escuchaba aquí, en Guerrero, la definición del profesional del periodismo; la frase es o era más o menos de la siguiente manera: “Es aquel que vive de este oficio”. Y para muchos sigue siendo oficio porque, para posicionarse como profesión, cualquiera que desee laborar en este sector tendría, por obligación, presentar cédula profesional, ya sea como reportero, periodista, locutor o comunicólogo. Se cuece aparte el colaborador, pues este, como su nombre lo indica, escribe textos de acuerdo a su especialidad.

 

Incluso debería presentar el columnista o editorialista un documento que acredite por lo menos una licenciatura que lo avale con nivel de profesionista. La propuesta anterior la esgrimimos porque ya se han realizado varios esfuerzos académicos para “profesionalizar” al reportero o periodista; la invitación la han realizado tanto el Gobierno del Estado como la propia universidad por separado y de manera conjunta.

 

Me parece que ya llegó el momento de dejar atrás esa autoestigmatización de “vivir de este oficio” para ubicarnos en “desarrollar la comunicación o información de manera profesional, o sea, hacerla cada vez mejor para servicio de una sociedad demandante”

 

Como ya estamos, consciente o inconscientemente, en la vorágine del cambio constante, lo que trae como consecuencia la “modernidad” inmediata, se requiere de la actualización perenne.

 

En México, el periodismo construye opinión pública a partir de dichos de los actores sociales y políticos. Si esta es nuestra realidad, empecemos por dar el primer paso: ofrecerle a nuestro lector por lo menos dos versiones sobre el mismo acontecimiento.

 

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