Los osos… de AMLO

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A VER, A VER… Rosa Icela Rodríguez, reportera que pasó de noche por algunos periódicos y cuyo único mérito es ser amiga de Andrés Manuel, lo puso en ridículo con una información que le dio y no checó bien. Ahora nos explicamos por qué no “hacía huesos viejos” en ningún medio.

 

Resulta que López Obrador, como es su costumbre, atacó a la corrupción del pasado, porque la de su gobierno está “santificada”. Cuando se enteró por Rosa Icela que el puerto de Veracruz estaba concesionado por 100 años, se rasgó sus vestiduras y se pronunció por castigar a quien la otorgó: “No podemos meter la cabeza en el suelo como avestruz; vamos a limpiar de corrupción todo”.

El macuspano soltó todo lo que pudo de su ronco pecho,  porque le hicieron creer que la concesión era para una empresa privada. ¡Cómo el sector privado puede manejar el puerto de Veracruz! ¡Dios mío!

 

Y no. Después del oso que hizo, alguien se le acercó para informarle que la Administración Portuaria Integral de Veracruz (API) es una de las  30 que operan los 60 puertos y 17 terminales, mismas que pertenecen al Estado. Y solo es privado el de Acapulco. ¡Imagínense!

 

OTRO OSO MÁS. Cuando este 18 de agosto, los televidentes y los reporteros que cubren las homilías o sermones en Palacio Nacional, esperaban algún anuncio importante sobre el abasto de medicinas para los niños con cáncer, el presidente dedicó casi todo su tiempo a linchar a dos exempleados del Senado de la República, que laboraban para legisladores del Partido Acción Nacional, recibiendo dinero en efectivo en bolsas de plástico, cuyo monto no se sabe, ni quién lo entrega, ni para qué. Pudo ser dinero para el pago de nómina u otros.

 

Empero, López Obrador, asumiendo un papel  sectario y no de estadista, exclama:  “Este video, muestra la inmundicia del régimen de corrupción que imperaba, porque todo ese dinero se utilizaba para comprar voluntades, conciencias para comprar votos”.

 

Todavía no hay opinión del Poder Judicial al respecto, y ya el Supremo Sacerdote, como Caifás, dictó sentencia.

 

En 2004, cuando Bejarano, entonces su secretario particular, fue exhibido por el empresario Carlos Ahumada, recibiendo de su mano montones de dinero, llevándose hasta las ligas del argentino, se conocieron los motivos y el destino de los recursos.

 

Bejarano no solo recibió dinero del argentino, sino de otros empresarios de la construcción y giros negros por indicaciones del tabasqueño, según Ahumada.

 

Pero no vimos que Vicente Fox dedicara todo su  tiempo como mandatario para calificar al gobierno de López Obrador, en Ciudad de México, de “corrupto inmundo”, a pesar de conocerse del pase de charola en todos los niveles económicos.

 

Andrés Manuel, hoy rebasado por los problemas de salud, inseguridad y económicos, ha mencionado el nombre de Emilio Lozoya más de 70 veces, como su gran salvador para no perder las elecciones en 2021. Y cero compromiso con el abasto de medicinas.

 

Desde luego, el video mostrado en redes sociales deberá investigarlo la autoridad competente y de haberse cometido un delito, sancionar a los responsables, tanto a los que reciben el dinero como el que lo proporciona.

 

Además debe comparecer también el jefe del Ejecutivo para rendir su declaración, pues independientemente de que el caso de Lozoya resulte relevante, merece toda secrecía. ¿Quién le está filtrando la información al tabasqueño?

 

López Obrador, en efecto, no actúa como un jefe de Estado, sino como un personaje resentido, rencoroso, sediento de venganza y dispuesto a usar todo el aparato del Estado para aniquilar a toda persona que no se doblegue a sus caprichos. No cree en la Ley, ni en la justicia.

 

En la reunión que sostuvo AMLO con los gobernadores allá en San Luis Potosí, el mandatario de Querétaro, Francisco Domínguez, cuyo colaborador en el Senado se le ve frente a las bolsas de dinero, aprovechó la oportunidad para mostrar su decisión de ponerle “el cascabel al gato”.

 

“Nadie puede creer (en Emilio Lozoya), un  delincuente confeso; no tengo nada que temer, yo no busco la protección a cambio de inventar falsedades”, dijo.

 

UN OSO MÁS. Y LOS QUE FALTAN.  Durante su visita al puerto de Acapulco, el presidente una vez más se hizo bolas con nombres y fechas de la historia.

 

Su pretensión de ser reconocido como hombre culto, escritor de libros y conocedor de la historia lo ubican todo lo contrario.

 

Sus libros que llevan su nombre son escritos por otras personas, intelectuales, como lo afirmó a un grupo de empresarios de la Coparmex, en 2012. -Entonces qué escribió usted, preguntó un empresario. -Solo el prólogo, espetó.

 

Sí es creíble esa confesión, pues eso de llamar a Vicente Guerrero “Siervo de la Nación” y adjudicarle Los Sentimientos de la Nación, en lugar de José María Morelos y Pavón, explica el por qué tantas pifias.

 

Y viera usted que en lugar de disculparse ante sus gobernados por decir tales disparates, hace como que la Virgen le habla….Vaya, vaya  con esos osos (unomasmega@gmail.com)

 

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