Los príncipes

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Formas de obtener el poder son muchas, muy variadas y de ello hay unas cuantas obras clásicas, que nos indican precisamente la transformación social, cambios tecnológicos, culturales, de comportamiento y cultura. La distancia entre estas tres obras, El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo; El príncipe moderno, de Antonio Gramsci, y el Nuevo príncipe de Dick Morris, pocas cosas pueden ser tan diferentes y tan iguales, pero de lo que tratan es el Poder.

Publicado en 1532, El Príncipe probablemente sea la obra más pequeña, la más citada por lo que contiene, pero aún más citada por lo que se supone que contiene y no es así. Se trata del tratado de ciencia política más breve, ni siquiera tiene un centenar de páginas, pero sí tiene muchas más por los estudios preliminares que se han hecho al respecto.

Maquiavelo dedicó a Lorenzo de Medici, referencias históricas –evitemos la palabra consejos y asesoría- de cómo los príncipes habían llegado al poder, cómo gobernaron y cómo perdieron, con el fin de repetir las experiencias exitosas. Debe recordarse que en aquel entonces la mayor parte de los ascensos al poder eran por herencia y algunos cuántos por eliminación del sucesor natural, que es cuando lo adquieren. La mala fama de Maquiavelo se debe precisamente a la referencia de algunas malas prácticas en las estrategias que asumieron quienes no estaban en la línea de sucesión, pero adquirieron el poder; o en su interés de conservarlo.

Con Antonio Gramsci, el teórico marxista, se asume un nuevo príncipe, que a diferencia del príncipe de Maquiavelo, ya no es una persona, sino un organismo novedoso como es el Partido Político, que convertido en un Príncipe Moderno. Bajo esta nueva figura se articularan las posiciones y visiones del mundo, en el que los abanderados para concretar esas aspiraciones son organismos sociales.

Con Maquiavelo es un hombre que configura El Estado, con Gramsci es el Partido el que configura el Estado. Gramsci replanteó la lectura de la obra de Nicolás Maquiavelo y la recreó en esta nueva obra, los tiempos ya habían cambiado y la lucha por el poder ya no pasaba por los sucesores elegidos ni sus contrarios. Ahora la lucha por el poder incluía a los marginados, como los obreros, los campesinos, y no sólo a las elites políticas, agraciadas desde antes en los goces, privilegios y derechos del poder.

Por último, el último tratado político sobre el poder y los príncipes se refiere al Nuevo Príncipe, del norteamericano Dick Morris, que presenta al cambio de los tiempos en los que los partidos políticos siguen siendo organismos en los que se presentan una posición y visión del mundo; pero también implica la importancia de la persona, más que los partidos políticos, y su posibilidad de representar las aspiraciones de la colectividad.

Dick Morris entró al mundo de la comunicación política, a partir del triunfo de Bill Clinton, en los que se reinicia la propaganda política como forma de acceso al poder, ganando las elecciones.

El Nuevo Príncipe es la representación de los nuevos tiempos, tan diferentes al Príncipe original de Maquiavelo, cuando el poder era hereditario, o de Gramsci del nacimiento de los organismos sociales que serán los partidos políticos, en los que colectivamente serán representados. En el primero es la personalidad, en el segundo la colectividad; en el tercero, en el Nuevo Príncipe, es una combinación de ambos, personalidad y partido, y en el que la decisión de elegir al nuevo gobernante será y estará a cargo de un mayor nú- mero de personas, con intereses de la más variada gama.

Cada Príncipe aquí citado tuvo su época, y será esta precisamente la que marque el ritmo y la diferencia con el príncipe anterior. Porque las formas de obtener y conservar el poder han cambiado, se han transformado hasta requerir de nuevas estrategias políticas, para diferente tipo de príncipe.

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