Los problemas de la reelección

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El pasado 1 de junio, el Congreso del Estado de Guerrero aprobó la misma regla electoral tal como lo hizo el 18 de marzo pasado la Cámara de Diputados federal, que los aspirantes a reelegirse en el cargo puedan ser candidatos sin pedir licencia. El tema tanto ahora como en marzo, ha sido polémico; se considera que les da ventajas frente a los adversarios a competir contra ellos; desafiantes, los llama la ciencia política.

Desde que se dictaminó en el 2014 la reforma electoral que permitía la reelección de senadores, diputados federales, locales y miembros de los cabildos, era una parte del reglamento que se dejó pendiente. En la reforma de ese año a los artículos 59, 115 y 116, señalan que los senadores pueden ser reelectos hasta por dos periodos; los diputados federales hasta por cuatro; los integrantes de los ayuntamientos pueden ser reelectos para un periodo adicional y los diputados locales hasta por cuatro periodos.

La postulación solo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos coaligados que lo hayan postulado, y quienes lo hayan sido de manera independiente, solo lo podrán hacer de esa misma forma.

Pero además de ese candado, señala que los suplentes también podrán ser electos para el periodo inmediato, es decir, es punto que no fue considerado dentro de la reforma electoral de 2014 y que se aprobó posteriormente en las legislaturas estatales, el qué hacer con los suplentes que tenían aspiraciones de competir como titulares en la próxima elección. Habida cuenta de que el propietario que desee reelegirse tendría que pedir licencia durante el proceso y tendría que asumir el suplente, pero si éste tiene aspiraciones de competir entonces hay un problema.

Por otro lado, por cuanto a la adición a la ley de instituciones y procedimientos electorales del estado de Guerrero, que se aprobó en consecuencia de la autorizada, mayoritariamente igual que esta, por la mayoría de los legisladores de la fracción de Morena, de que los aspirantes a reelegirse en el cargo, ya sea como legisladores o como integrantes del Cabildo, lo puedan hacer sin solicitar licencia, es algo ya común dentro de las democracias que permiten la reelección legislativa.

Se le conoce como la doctrina de la incumbencia y el desafiante. El incumbente es aquel que se encuentra en el ejercicio de un cargo, y que por lo mismo tiene ventajas asociadas durante el periodo en que pretende reelegirse y promueve desde ahí su candidatura frente a los desafiantes, es decir, los adversarios que pretenden ocupar su cargo.

La misma teoría considera que aun con las ventajas de ocupar el cargo y competir, tienen en este su propio reto, porque si en el periodo que estuvo como titular desempeñó un trabajo que no es apreciado por los electores estos podrán votar en contra. Porque la posibilidad de la reelección no la garantiza, porque el principio de la reelección es que tengan la oportunidad de someterse de nueva cuenta al escrutinio de los electores, quienes definirán si continúa en el cargo por hacer un buen trabajo o tienen que irse por no satisfacer su desempeño.

Durante muchos años, los representantes populares le debían el cargo al presidente o al gobernador, quienes definían las listas de los que competirían por un cargo público, al paso del tiempo eso no era garantía de triunfo, con la competencia electoral, posteriormente eran las corrientes de los partidos políticos quienes decidían quiénes participarían, ahora son los partidos, pero también los electores.

Con las reformas electorales se colocan candados, pero también hay un fuerte problema a vencer que es el uso de los recursos públicos, para la promoción de candidaturas, que aun cuando hay todo un entramado legal para impedir y sancionar esto, todavía no se superan las viejas desconfianzas.

Por eso es que esta nueva aprobación en torno a las reglas electorales se continúa viendo como un problema de equidad.

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