Mal comienzo

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A VER, A VER… “Me levanté con el pie izquierdo” dice a quien le va mal durante el día en sus diversas actividades.

Sin ser agoreros del desastre, la expresión anterior podría aplicarse al nuevo gobierno de izquierda que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de la geometría política o ideológica de izquierda o derecha, resulta de suma importancia no perder de vista las recetas que funcionan en cualquier parte del mundo. Y las que no.

Habrá que preguntarse qué hizo Taiwán para que su economía sea una de las más exitosas del mundo, donde la clase media representa el 80 por ciento. Y analizar qué hizo el gobierno de Venezuela para haberla sumido en la peor crisis de su historia.

El presidente López Obrador en su mensaje a la Nación, el pasado 1 de diciembre, desglosó todo un rosario de beneficios sociales o dádivas a jóvenes, adultos mayores, pensionados y grupos vulnerables. Empero, por otra parte, se le fue a la yugular a los inversionistas privados acusándolos de minoría rapaz y causantes de la corrupción que prevalece en el país.

Culpó de todo el “desastre” nacional al neoliberalismo, es decir a la economía de mercado y en general al sector privado. Decía el premio Nobel de Economía, Friedrich Hayeck, que para repartir la riqueza, primero hay que crearla.

Antonio Ortiz Mena, quien se desempeñaba como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, confesó a este escribano: “El éxito de todo gobierno o persona es mantener finanzas sanas, es decir no gastar más de sus ingresos”.

Ortiz Mena fue autor del llamado Desarrollo Estabilizador, mismo que tuvo su vigencia durante los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz.

Andrés Manuel López Obrador tal parecer se dispone echar la casa por la ventana, repartiendo el poco dinero que tiene el gobierno, al puro estilo del Estado asistencialista.

Al mismo tiempo ahuyenta al capital privado, el único generador de riqueza y de empleos remunerativos.

La terca idea de construir el Aeropuerto en Santa Lucía, a pesar de su inviabilidad y el maltrato a los inversionistas del Aeropuerto de Texcoco, está taladrando la confianza de todo mundo.

Andrés Manuel se dispone a concentrar todo el poder político y económico en su persona, como en los años de la hegemonía priista.

Este poder, según sus asesores, es para garantizar la llamada Cuarta Transformación que pocos entienden su contenido y sus consecuencias.

Sin embargo, en los tiempos del echeverrismo o lopezportillismo podría entenderse dicha política porque había una economía cerrada y artesanal. Hoy, con la globalización, las cosas son muy distintas.

Hoy, las masas hambrientas de dinero regalado o dádivas podrían quedarse en simples buenas intenciones.

Tenemos el caso de los bonistas del Aeropuerto de Texcoco, cuyo enojo va escalando.

Un comunicado de Business Wire, dice que no fueron consultados por el gobierno de Andrés Manuel antes de lanzar la oferta de mil 800 millones de dólares: “El emisor no consultó al grupo de tenedores de bonos del Fideicomiso del Nuevo Aeropuerto de México antes de la difusión de la oferta de compra y solicitud de consentimiento, pero ahora la ha revisado y tiene algunas preocupaciones que no puede apoyar la propuesta”, cita el documento.

Cuatro aspectos les preocupa respecto al Nuevo Aeropuerto Internacional de México: la liberación y revocación de la garantía y supuestos de incumplimiento conforme a la documentación aplicable; la posible reducción de la garantía derivado del uso o construcción, a corto o largo plazo, de aeropuertos alternativos o adicionales en el área de la Ciudad de México. Y apenas es el comienzo. Veremos, veremos. (unomasmega@gmail.com)

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