Mal y de malas

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A ver, a ver… Apenas cumplió dos meses el gobierno de Andrés Manuel López Obrador el pasado mes de enero y los distintos sectores de la sociedad nacional observan cómo se destruye el país con inusitada rapidez.

En poco tiempo, el nuevo régimen arrastra una cadena de negativos como ninguno otro en la historia.

La cancelación del aeropuerto de Texcoco, decisión unipersonal sin ningún sustento legal, es el inicio de una cascada de errores económicos.

Detrás del derrumbe de esa magna obra, el Gobierno envió un pésimo mensaje a los empresarios nacionales e internacionales de que en México solamente sus “chicharrones truenan”.

Apenas salíamos de ese mal rato cuando nos enteramos del trágico desplome del helicóptero donde murieron la gobernadora de Puebla, Erika Alonso, y su esposo, Rafael Moreno Valle. Y como si quisiera demostrar que estaba muy enterado de los hechos, el presidente Andrés Manuel López Obrador adelantó un tuit siete minutos antes del accidente; es decir, la caída del aparato ocurrió a las 14:40 horas, pero Andrés Manuel ya lo sabía a las 14:33 horas. Imagínense.

Hasta el momento, ningún informe oficial se conoce sobre las investigaciones; es como si nada hubiera pasado. Eso sí, queda en el ambiente la tirria que había del tabasqueño contra la pareja fallecida. Y por si había dudas, su ausencia en los funerales en Puebla fue más que evidente.

Ah, pero las cosas no quedaron ahí. El sello de la muerte persigue a este gobierno: la explosión del ducto de gasolina en el municipio de Tlahualilpan, Hidalgo, acabó con la vida de decenas de personas que se arrastraron en el suelo víctimas de las llamas que consumieron sus cuerpos.

Durante cuatro horas, elementos militares, personal de Protección Civil, policías federales, estatales y municipales únicamente observaron cómo los pobladores robaban el combustible con bidones y garrafas; incluso se ven escenas donde los policías ayudan a señoras a cargar la gasolina.

Sin duda, militares, marinos y otros policías recibieron órdenes de sus superiores de no hacer nada por impedir la tragedia. ¿La orden provino del presidente? ¿El plan era quemar a toda esa gente?

El desabasto de combustible en varias partes del país por haber cerrado los ductos dizque para combatir el huachicol fue otra pifia del Gobierno.

El robo de gasolina, que nos dicen que es por miles de millones de pesos, hasta el momento no ha registrado denuncias, tampoco los peces gordos; solamente demagogia.

Ah, pero las pérdidas millonarias en la economía son cosa de todos los días.

Más limón a la herida. El bloqueo de vías férreas en occidente por vándalos de la CNTE, aliados del partido Morena, ha ocasionado cerca de tres mil millones de pesos en pérdidas a productores y pobladores.

El presidente López Obrador ha dicho que no reprimirá, pero tampoco sale en defensa de la gente pacífica y trabajadora; prefiere ser aliado de infractores de la ley.

Y sigue la mata dando. Su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro lo exhibe como defensor de un gobierno tirano; la defensa de los derechos humanos consagrados en la Carta Magna no cuentan; se tapa los ojos para no ver las atrocidades que ocurren en Venezuela.

En tanto, el canciller Marcelo Ebrard trata a duras penas de tapar el Sol con un dedo. Esa decisión errática marcará la relación diplomática con el gobierno de Donald Trump, que anda con el sable desenvainado.

Y por si faltara algo, los insultos de hipócritas lanzados a la calificadora Fitch no augura nada bueno a la deuda de Petróleos Mexicanos, menos al desarrollo económico del país.

Y sí, mientras el mundo camina rumbo a la economía de libre mercado y la globalización no la puede detener ni Trump, el gobierno de Andrés Manuel se aferra a la padecería del populismo de los años setenta al puro estilo del priismo echeverrista. Vaya, vaya.

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