Megxit, ¿fuga de otras realezas?

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MÉXICO.- La renuncia del príncipe Enrique y su esposa Meghan Markle a sus obligaciones reales sacudió los pilares del Palacio de Buckingham y balconeó a la plana mayor de los Windsor, lo que provocó el enojo de la reina Isabel II y su círculo más cercano; aunque el desplante a una monarquía tan rígida como la británica tendrá también serias consecuencias para la pareja rebelde que busca su independencia vital y financiera.

“Son familias muy estrictas, porque saben que están expuestas continuamente y que tienen que dar el ejemplo. El problema es cómo colocarán a Enrique y Meghan ahora. Van a estar fuera del circuito, pero no dejan de ser hijos, nietos y primos de la familia real. La pareja además se queda muy segregada, por más galas y charlas a las que sean invitados. Yo creo que habrá una crisis en ese matrimonio. Pasados los amores de los primeros años, eso será muy difícil de llevar, sobre todo para Enrique que deja atrás su entorno natural”, relata a EL UNIVERSAL Ricardo Mateos, historiador y experto en familias reales.

La fuga de los duques de Sussex podría influir en el comportamiento de otros integrantes de monarquías europeas, que resienten el estrés causado sobre todo por la falta de libertad y que se verían tentados a emular a la pareja disidente; aunque el precio a pagar es muy alto.

“La monarquía inglesa es el parangón, donde todo el mundo se mira. Habrá gente que se anime a seguir los pasos de Enrique y Meghan, pero tienen que ser conscientes de que van a dejar de cobrar y que perderán muchos de sus privilegios. Este tipo de rebeldías se dan sobre todo en la retaguardia, porque la primera línea tiene una conciencia muy clara de cuáles son sus funciones.

Suele prevalecer la educación del heredero y a veces no se pone tanto el acento en la educación de los segundos. Son figuras más laxas y hacen un poco más su santa voluntad”, asegura el autor de varios libros, en solitario y en colaboración con otros escritores, entre ellos “Nobleza obliga, Estoril, los años dorados y Joyas reales, fastos y boato”.

“No creo que la espantada de Enrique y Meghan esté relacionada con el anquilosamiento de las monarquías. Tiene que ver sobre todo con la voluntad individual. Las personas que entran en esas familias no se dan cuenta del costo gigantesco que eso tiene. Dejas de ser tú y pasas a ser una figura representativa. Y eso, a alguien que viene del cine y de una cultura americana muy distinta, le queda tremendamente grande. Se esperaba que esta chica fuera a ser un jarrón más, pero se han dado cuenta de que eso no funciona. Meghan no ha aceptado la servidumbre”, indica.

El especialista en nobleza reitera que, si bien en el caso de los duques de Sussex existe mucha presión por parte de la prensa sensacionalista de Reino Unido, lo que cuenta sobre todo es la falta de libertad personal, que se esfuma cuando se tienen unas obligaciones de representación tan elevadas.

“Esto cuesta asumirlo, sobre todo a personas que no pertenecen a ese medio, que no han sido educadas en ese entorno. Es una maquinaria que pesa tanto que te deja sin vida privada, por más que en los primeros días todo parezca un cuento de hadas”, señala.

“Tengo la impresión de que a ellos les gustaría funcionar como los príncipes de Mónaco y los Casiraghi, que tienen mucho dinero, pocas obligaciones y se dan la gran vida. Enrique y Meghan se han montado una película romántica, pero eso no va a ser tan fácil. Seguirán siendo figuras muy vistosas, icónicas, pero al final toda esa vida social también cansa mucho y él se va a quedar fuera de su medio natural. Una educación británica como la de los Windsor, no tiene nada que ver con la cultura de Estados Unidos”, puntualiza el experto.

“Más que humanizar, este tipo de hechos muestran al público en general que detrás del escaparate hay personas que sienten, que se enfadan, que quieren vida privada y que tienen ambición. Antes, estos sucesos se quedaban en circuitos muy cerrados y ahora las monarquías están más expuestas”, concluye el especialista en nobleza y familias reales.

La primera consecuencia de la decisión de los duques de Sussex de renunciar a sus funciones y repartir su tiempo entre Canadá y Reino Unido ya se ha producido. El famoso museo Madame Tussauds de Londres no ha dudado en retirar las figuras de cera de la pareja de la sección de la Corona en la que se encontraban, junto al resto de los miembros de la casa real británica.

Veinticuatro horas después de que Meghan Markle y el príncipe Enrique anunciaran su decisión de dar un paso atrás como miembros senior de la familia real, el museo ubicado en la capital británica separó a los duques de Sussex de las figuras de la reina Isabel II, el duque de Edimburgo y los duques de Cambridge, a la espera de encontrarles otro espacio.

Por lo pronto, la reina Isabel II ha impuesto un periodo de transición al matrimonio quejoso, anunciando una reducción gradual de sus ingresos, pero sin entrar en mayores detalles sobre los fondos públicos que recibirá la pareja a partir de ahora y que se suman a las enjundiosas partidas que perciben para viajes y estadías oficiales.

Enrique posee una fortuna estimada en 30 millones de euros, heredados de su madre, la fallecida princesa Diana, y de su bisabuela, la reina madre.

Meghan, por su parte, habría ingresado medio millón de euros por cada una de las temporadas de la serie televisiva Suits en las que participó, a lo que habría que añadir las fuertes cantidades de dinero que ingresarán ambos por dar conferencias y comparecer en público.

“Aunque hubiéramos preferido que hubieran seguido trabajando como miembros de la familia real a tiempo completo, respetamos y comprendemos su deseo de vivir una vida más independiente como familia sin dejar de ser una parte importante de mi familia”, resolvió en un breve comunicado la reina Isabel II, luego de una reunión en Sandringham con el núcleo duro de los Windsor para aplacar a la prensa sensacionalista, que explotó a fondo el malestar generado en la monarquía británica por la polémica decisión de los duques de Sussex.

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