Metrazos

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El 20 de octubre de 1975, ocurrió el primer metrazo en la estación Viaducto, un accidente muy mortífero en la historia del Metro de la Ciudad de México, cuyo saldo final fue de 31 personas muertas y más de 70 heridos. Cuarenta y cinco años después, ocurrió otro mortífero metrazo con saldo de 25 personas muertas y 79 heridos. No hay culpables. La gente avisó al gobierno e interpuso denuncias desde el 2018 argumentando una falla entre las estaciones de Tezonco y Olivos de la Línea 12 del Metro, pero nadie hizo caso. Y es que México tiene un gobierno negrero y cuenta chiles que no destina dinero para mantenimiento del Metro en la Ciudad de México.

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, anda tronándose los dedos. Anuncia que contratará a una empresa extranjera para que realice el peritaje y así determinar las causas del macabro metrazo. Si usted contrata a alguien para que le sirva, la lógica es que el trabajo que va a realizar, en este caso el peritaje, le sea favorable a quien lo paga. ¿O no mi Lic.?… El metrazo en la llamada “línea dorada” o L12 del Metro, construida con los pies y con una monumental corrupción, fue inaugurada con bombo y platillo el 30 de octubre de 2012, exhibe hoy a AMLO, al canciller Marcelo Ebrard, al jerarca de Morena, Mario Delgado, apodado el ojos de sapo, al multimillonario Carlos Slim y al contratista consentido del actual régimen, José María Rioboó, entre otros como los integrantes de la nueva mafia en el poder. El metrazo, sin lugar a dudas, se convertirá en la tumba político-electoral de AMLO y Morena el próximo 6 de junio.

El metrazo de este lunes 3 de mayo ya le dio la vuelta al mundo y la prensa internacional registra pormenorizadamente la corrupción que imperó en la construcción de esa Línea 12 del Metro de la Ciudad de México. La Línea 12, en los tramos Periférico Oriente, Tezonco, Olivos, Nopalera y Zapotitlán, fue construida por Grupo Carso, propiedad de Slim. Se las adjudicó Marcelo Ebrard cuando era jefe de Gobierno capitalino. Pero la constructora de Slim, a cargo de Antonio Gómez, decidió cambiar la estructura que había diseñado y recomendado el despacho de José María Riobóo. Grupo Carso optó por no hacer las trabes -conocidas como ballenasde la L12 de concreto, como había solicitado Riobóo.

Carso cambió el concreto por el acero porque le salía más barato y le generaba más ganancias a Slim por ser dueño de la empresa Swekomex, que produce estructuras de ese metal. A pesar de que el acero es menos estable que el concreto, Carso logró que otro despacho de ingenieros y calculistas le avalaran el cambio, dejaron a un lado a Riobóo, que había diseñado la infraestructura del Metro desde los 90, es decir que Slim y Ebrard metieron materiales chafas y se fueron con “Grupo Colinas de Buen”. Así Carso logró tener ahorros en la obra y ganancias estratosféricas.

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