México, contradicciones entre inmigración y tradición de asilo

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MÉXICO.- La historia de la inmigración a México resulta compleja y contradictoria entre sus normas y lo percibido y fijado en el imaginario colectivo, asegura el profesor e investigador del Centro de Estudios Históricos (CEH) de El Colegio de México Pablo Yankelevich.

En entrevista con Notimex, el académico refrenda ese y otros resultados esenciales de su investigación, contenida en el libro Los Otros. Raza, Normas y Corrupción en la gestión de la extranjería en México (1900-1950), que será presentado este miércoles en la sala Alfonso Reyes del prestigioso centro de altos estudios de cuyo claustro es parte.

El libro, presentado por Bonilla Artigas Editores y El Colegio de México, “busca avivar la conversación sobre la construcción de alternativas viables” ante el fenómeno social de la migración, en “tiempos globales de profunda incertidumbre” y una “intolerancia hacia los migrantes” que alienta políticas de odio.

Ante ese panorama, Yankelevich analiza en la investigación las razones históricas por las que “la extranjería en México se asemeja a la eterna condena de Sísifo”, quien, de acuerdo con la mitología griega, fue condenado por los dioses a empujar una enorme roca hasta la cima de una montaña para que, apenas llegara a la misma, viera como la roca volvía a caer y le imponía comenzar nuevamente su labor.

Con su libro, tal y como reafirma Yankelevich, se busca “ensanchar el conocimiento sobre las maneras de mirar y tratar a los migrantes en un pasado no tan lejano”, así como “acrecentar el campo de estudio sobre discriminación, racismo y exclusión social y política en la historia contemporánea de nuestro país”.

Importancia del tema

Cuestionado por la importancia o pertinencia de abordar hoy la gestión de la extranjería en el México posrevolucionario, el profesor e historiador responde que ello permite “ponderar las raíces históricas que hay detrás de una gran cantidad de problemas que continúan en los mecanismos de política migratoria y gestión de la extranjería”.

“El libro tiene que ver también con la naturalización de extranjeros. Desde el control y regulación de su ingreso al país, hasta la decisión de algunos de dejar de serlo”.

Si bien el marco temporal de la investigación y el libro concluye a mediados de los años 50 del pasado siglo, “lo que se observa es una muy escasa profesionalización en las agencias migratorias del Estado mexicano, una gestión muy improvisada, gente con muy poca capacitación y dirección de estas agencias por personas poco profesionales”, problemas que han impactado en las prácticas y normas que rigen la actividad aún hoy.

Yankelevich, especializado en la historia política de América Latina contemporánea, de la Revolución Mexicana, de los exilios y los refugios políticos en el subcontinente, y de la migración en México, considera que los problemas en la gestión de la migración continúan a lo largo de todo el siglo XX.

“Son distintos en su magnitud, en los volúmenes y orígenes de esos extranjeros, pero buena parte de esos problemas están vinculados a las prácticas administrativas, al cumplimiento de las normas y la manera en que éstas se convierten en posibilidades de enriquecimiento y corrupción. Es una cuestión central”, afirma, para luego señalar que un hallazgo importante de la investigación es el referente a la distancia que existía entre lo establecido en la norma y lo que sucedía en la práctica.

“Ese espacio estaba mediado por mucha arbitrariedad, mucho desconocimiento y abusos de uno u otro lado. Abuso burocrático de las agencias y sobornos por parte de comunidades de extranjeros”.

Restricciones y traslape

Toda esa arbitrariedad y potencialidades para la corrupción en la gestión de la extranjería se debían a que “las políticas migratorias en México han sido siempre altamente restrictivas.

Los orígenes tienen que ver con un vector de deseabilidad racial, quién puede venir, quién no”, establece Yankelevich, que precisa que hubo cantidades enormes de nacionalidades u orígenes étnicos prohibidos por la norma. “Afros, chinos polacos, etc., tenían prohibido su ingreso al país”.

“Esas normas tan restrictivas siempre tuvieron una excepción. Si son perseguidos políticos no existen restricciones, bajo la figura del asilo político”.

Así, precisa el entrevistado, “se produce una especie de traslape donde se lee la política de puertas abiertas a perseguidos como puertas abiertas a la migración, y nunca ha sido así”.

Sobre el porqué de las restricciones a la inmigración, pese a que México nunca ha sido un país receptor de grandes flujos migratorios, el doctor en Historia precisa que el precepto de deseabilidad en el que se basaba la política estaba relacionado “con la protección del mercado laboral mexicano”, que siempre “ha sido muy estrecho”.

Otra cuestión importante, subraya, es la migración a Estados Unidos de mexicanos y un retorno no voluntario por la vía de la deportación de ese país a México. “En los años 30 hubo una crisis con la deportación de centenares de miles de mexicanos, que en el país tenían preferencia en el mercado laboral ante los extranjeros”.

En cuanto al asilo político y el referido traslape que produce en el imaginario colectivo, Yankelevich sostiene que, pese a la confusión, la “abierta solidaridad con perseguidos políticos no es incongruente con las restricciones a la migración, por el simple hecho de que son volúmenes distintos”.

“Las comunidades de extranjeros residentes es muy pequeña, no alcanza el uno por ciento de la población nacional. No llegan al millón. Asimismo, “la población de origen asilado es mucho menor”.

En la historia del siglo XX mexicano, por la vía del asilo político, solicitado en representaciones diplomáticas de México en el exterior, no llegaron al país tres mil personas.

La cifra es sin contar “excepciones notables”, como lo fueron los republicanos españoles, donde la cifra alcanzó entre 20 y 25 mil personas, y los exiliados suramericanos en los años 60 y 70, que huían de las dictaduras militares y en número no llegaron a 15 mil.

Yankelevich agrega en este tema que hoy México tiene, además del asilo, que es una figura que intenta proteger la vida e integridad de perseguidos políticos, la figura del refugiado. Introducida a partir del año 2000, bajo la protección de la figura del refugio entran perseguidos por otras cuestiones como “violencia generalizada, religión, desastres naturales, conflictos bélicos, etc.”

Por ello, sostiene, “estamos viendo en frontera sur solicitudes de refugio por pobreza y violencia generalizadas en los países expulsores, mayormente los del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).

Para los refugiados hay un tratamiento distinto. “No se deben confundir asilo político con refugio, ni ninguno de los dos con migrantes”, que, según los resultados de la investigación presentada por el autor a Notimex, han debido enfrentar desde el surgimiento y consolidación del Estado posrevolucionario políticas sumamente restrictivas.

¿Cambios?

Al culminar su libro, Yankelevich notaba que en México venían tiempos de cambios integrales, que seguramente tocarían también a la migración y la gestión de la extranjería.

En este sentido, comenta que para “encontrar soluciones al problema migratorio, eliminar la corrupción y hacer más transparentes los mecanismos” hay que mirar a la Historia, ya que “hay problemas que nacen en el mismo momento en que se crean las instituciones encargadas de gestionar la migración”.

“Muchos problemas de corrupción en la gestión de la migración son inherentes al surgimiento de las instituciones. Hay que entender esas lógicas para intentar corregirlas. No se puede pensar en políticas públicas sin conocer las raíces del problema”, aclara, quizás un tanto a modo de recomendación para la administración actual.

Acuerdo migratorio México-Trump ¿México el muro?

Al hablar de estos temas resulta inevitable preguntar sobre el polémico acuerdo migratorio entre el actual gobierno mexicano y su homólogo estadounidense, en cuya negociación se vincularon por primera vez dos áreas totalmente distintas: migración y comercio.

En opinión de Yankelevich, el acuerdo es entendible y justificable. “México es un país de tránsito. La gente que atraviesa la frontera no quiere quedarse en México. Es un problema muy viejo, pero hoy los volúmenes son muy grandes, las redes de tráficos son enormes y muy criminales”.

“¿Cómo México resuelve este problema, del cual no es responsable?”, pregunta, para responder de inmediato que lo que está haciendo el Gobierno, “nos guste o no”, “es aplicar las normas migratorias”. Normas que establecen “restricciones muy serias”.

“Hay una pequeña hendija que se llama Ley de refugio, asilo y protección complementaria”, especifica. Dicha hendija es la única forma en que esta gente “puede ingresar y permanecer de manera regular”.

“Hay un crecimiento exponencial de las solicitudes de refugio a consecuencia de que es muy difícil ya llegar a la frontera norte. Si en el año 2013 había solo mil 300 solicitudes refugio, este año vamos a terminar con cerca de 80 mil solicitudes. El refugio se convierte en una de las posibilidades de no ser deportado y ser admitido”.

Como señala Yankelevich, ello no significa que México refugiará a todos los solicitantes. “Quizás a un 20-25 por ciento”. El migratorio es un “problema complejo que tiene que ver con una migración de tránsito. La solución no está en manos de México solamente, el problema le excede”.

Entonces…

Al terminar, el entrevistado deja claro que las complejidades de la migración y la gestión de la extranjería están lejos de ser solventadas. Si bien no existen muchos de los problemas analizados en su libro, existentes todos en la primera mitad del siglo pasado, las soluciones requieren de un esfuerzo y cooperación internacional “muy grande”.

“Las condiciones que originan la migración son muy serias y profundas. Bastante tiene México con sus problemas como para intentar ayudar a los otros. Lo va a intentar, fiel a su tradición, pero la solución radica en eso multiplicado por mucho más”, concluye.

 

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