México: pesada carga del neoliberalismo

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Un recién publicado informe, señala mi maestro Guillermo Alvarado, indica que la violencia del crimen organizado en México forzó a desplazarse de su lugar de origen a más de 338 mil personas entre 2006 y 2018, precisamente los años de las administraciones neoliberales de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

De acuerdo con la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, se trató, en la mayoría de los casos, de movimientos masivos de pobladores que buscaban salvar sus vidas al trasladarse a otros sitios del país o viajar hacia la frontera con Estados Unidos.

A pesar de la supuesta guerra del Estado contra las mafias del narcotráfico y otras formas de delitos, estos grupos criminales fueron tomando control de un amplio sector del territorio, sobre todo el vinculado con los corredores por donde transita la droga y se mueven los migrantes.

El pueblo mexicano quedó atrapado en un combate de muchas caras, pues los criminales no solo combatían a las fuerzas públicas, sino que se enfrentaban entre ellos con particular crudeza.

Lo paradójico de esta lucha es que los arsenales que poseían todos los bandos venían de un mismo lugar: Estados Unidos. Una parte por la compra legal que hacía el gobierno y la otra por medio del mercado negro. Uno de los negocios más lucrativos en el lado estadounidense a lo largo de la frontera común era precisamente el de las armas de fuego.

En reciente conferencia de prensa, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), señaló que el crimen organizado tenía representantes en el Ejecutivo durante esos años y había contubernio con algunos funcionarios.

Puso como ejemplo la vinculación descubierta entre el capo de la droga, Joaquín el Chapo Guzmán, y Genaro García Luna, quien fue secretario de Seguridad Nacional y mano derecha del expresidente Calderón Hinojosa.

La asociación entre delincuentes de cuello blanco (es decir, funcionarios) con criminales comunes se heredó y se arraigó, dijo López Obrador, y erradicar esas prácticas es parte de los objetivos priorizados por su gobierno.

Una idea de las dificultades que deben enfrentarse está en los elevados indicadores de violencia que todavía persisten en México, sobre todo en 10 estados donde las mafias encontraron tierra fértil para sus actividades.

Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas y Estado de México figuran entre los más afectados por este negativo fenómeno. Solo en Guanajuato, la lucha por el territorio entre los cárteles Jalisco Nueva Generación y Santa Rosa de Lima dejó en los últimos siete años la cifra de 10 mil muertos.

Este es el resultado de la sumisión de los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, que aceptaron una guerra impuesta desde Washington en la que Estados Unidos puso las armas e hizo los negocios y el pueblo mexicano puso los muertos, los desaparecidos y los desplazados. Se trata de una pesada herencia del neoliberalismo que será muy difícil de eliminar pero debe enfrentarse para retomar la vía del desarrollo, el bienestar y la igualdad social en nuestro país, que merece mejor destino.

Fin.

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