Mi pasado nazi

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La palabra nazi se encuentra directamente asociada a calamidad, por decirlo suavemente. Quienes vivieron o estuvieron cerca de esa etapa es Holocausto.

Creo que todos, sin distinción de religión, sexo o generación hemos tenido un pasado nazi. Por ejemplo, fui vándalo.

En mi época de preparatoriano me junté con los porros. Me alejé de la vida escolar. Comencé a reprobar materias y llegaron a un cúmulo, casi insalvable.

Al principio era un relajo, diría normal, porque fumaba y bebía sin control. Nunca me emborraché hasta perder la conciencia. Pero tomaba directamente de la botella de alcohol. Ni siquiera distinguía el sabor, el “chiste” era absorber el contenido y que fuera mucho. Con los porros se delinquía.

En la edad “normal” no culminé el bachillerato, sino 15 años después. Y, osé acudir a una licenciatura. Fui el más viejo de esa generación. ¡Vaya que aprendí!

Ese es mi pasado nazi. Y de alguna manera se coló un gen corrupto. Trato de que no asome demasiado, pero en ocasiones gana. Tampoco es una “enfermedad” intermitente, pero ahí está presente.

Si alguien me pregunta ¿eres corrupto?, les contesto, sí, tal vez no mucho. Finalmente, lo soy.

En mi oficio (periodista) y en la política es “normal” tener este perfil. Habrá quien lo disimule o lo maquille o, incluso, lo niegue. Asunto de cada quien.

Y me refiero a la palabra corrupto porque ahora quien dirige este país, dice y lo dice bien, lucha denodadamente contra la corrupción. Y la verdad, lo está realizando con algunos personajes del pasado político; sin embargo, deja de investigar a sus colaboradores quienes también han caído en la corrupción. El caso más sonado es la familia Bartlett, quien no ha perdido ese “gen” del que les he escrito.

Pues resulta que ese bicho ahora ha sido recordado con colaboradores del mismo Poder Ejectivo federal.

Fue el secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, del gobierno capitalino. Su jefe era quien ahora dirige la nación. Lo grabaron, cuestión consuetudinaria hoy en día, en Las Vegas, apostando cuantiosas cantidades. Dinero que era del erario. Y, presumiblemente, con autorización de su jefe.

El asunto se ha olvidado mediáticamente; pero algunos lo recordamos.

El otro tema de corrupción fue con Carlos Ahumada. Los videos que mostró entregando fajos de billetes a dirigentes del PRD, Bejarano, Imaz y Sosamontes. En este partido ya estaba López Obrador y era dirigente nacional.

Muchos dirán que no estaba implicado directamente el “jefe”. No. No aparece en los videos, pero era dirigente nacional, el mero mero y a él le reportaban los dineros.

Así que impoluto y asepsio no es. No sale a la luz pública este tema porque es el poder presidencial. Como lo fue en su momento Salinas de Gortari y se ocultó el probable asesinato de una sirvienta.

Cada quien, supongo que todos, tenemos un pasado nazi.

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