¡ Miedo, sí, hay miedo!

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Miedo: “Sensación desagradable provoca­da por la percepción de peligro, real y en nuestras mentes”. ¿Debemos adaptarnos al miedo? Aunque digamos que sí, no es así.

Sí debemos tener solidaridad y toleran­cia, convenciendo a nuestros vecinos que nos cuidemos. Que nos cuidemos todos, que la gente acepte que hay peligro. Hay tristeza, debemos volver a tener esperanzas hacia la felicidad.

Claro que hay miedo, a que nos conta­giemos, a que no volvamos a ver a amigos o familiares. Ya cuando preguntamos por alguna persona, nos ha pasado, nos dicen que tuvo COVID-19 y que falleció. Así de grave es el asunto.

En México van más de 35 mil fallecidos y lamentablemente habrán más. No hay confianza en que podamos salir bien de esta  pandemia. No hay esa sensación. La Organización Mundial de la Salud alertó que la pandemia puede “ir a peor” por errores de los gobiernos (12 julio 2020). “Demasiados países están yendo en la dirección errada”. Casi 13 millones de contagiados y más de 500 mil fallecidos en el mundo: Tedros Adhanom, director general de la OMS.

La salud pública tendrá que seguir siendo la prioridad número uno de los Estados, de los gobiernos, de los industriales y empresarios, primero la vida. Muertos no nos sirve tener empleo.

Deben haber medidas fiscales que ayuden a que no se desmoronen las economías. Y aumenta la violencia en el país, como en un estado desarro­llado y alto nivel educativo como Guanajuato.

Seguiremos en una crisis prolongada. Nos llevará años retomar el cre­cimiento y disminuir la pobreza extrema, al contrario, está aumentando por la falta de actividad económica y el COVID-19. Ya tenemos problemas en las zonas metropolitanas del país y comunidades alejadas en la sierra y las montañas. No hay información seria de aquellos lugares.

El hambre ya está, sobre todo en los estados del sur de la República, como Guerrero, por fortuna se abren por los gobiernos y organizaciones civiles decenas de comedores comunitarios, habrá que apoyarlos.

La pandemia continúa y debemos acostumbrarnos al distanciamien­to social, que espero sea voluntario, sin necesidad que se convierta en obligatorio. Sana distancia y cubrebocas. Ya hay transformación de las sociedades.

Hay interrupciones en las cadenas de suministros y el desempleo creciendo. Oleadas de contagio y muchas per­sonas siguen sin creer que pueden adquirir el COVID-19, que les puede ocurrir a ellos. Al fin, dicen algunos, de todos modos vamos a morir. Ya no hay una persona que no conozca a un humano contagiado, un familiar en el hospital o que haya fallecido.

No se ve que pronto descubran el trata­miento eficaz o una vacuna para el COVID-19 y que esta vacuna pueda llegar a los millones de mexicanos de manera gratuita.

Cada uno de los estados enfrenta la pan­demia con medidas de recuperación distintas, no es lo mismo Yucatán, Estado de México, Chihuahua, Tamaulipas, Querétaro, Sinaloa, la CDMX o Guerrero. Y luego con una frontera lar­ga con Estados Unidos, el país con más personas contagiadas, a tal grado que están volviendo a aplicar medidas drásticas como cerrar de nuevo comercios, parques, restaurantes, como ocurrió en Florida y California.

Y para colmo también una frontera con Cen­troamérica y Belice sin control alguno. Cruzan “libremente” miles de personas, por eso Tabas­co y el sur de Quintana Roo, como Chetumal, siguen en zona roja, de mayor peligro. Sí, hay miedo e incertidumbre.

 

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