Morena, el ADN de la división

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La izquierda mexicana refrenda su capacidad histórica para la división, en el proceso interno para la renovación de su dirigencia, presidencia y secretaría general del Comité Ejecutivo Nacional del partido Morena, el Instituto Nacional Electoral autorizó el registro de 35 aspirantes a presidente y 36 a secretarios, quienes serán sometidos a consideración para asumir los cargos mediante una encuesta que aplicará el organismo electoral.

 

La cantidad de aspirantes solo refleja la baja institucionalidad de quienes conforman un partido, y la militancia hacia una institución de este tipo y con la cual comparten sus ideales; pero al parecer no es así por el número de liderazgos que se presentan para los principales cargos, el número uno y el número dos.

 

Solamente en su fundación como partido no hubo quien le disputara a Andrés Manuel López Obrador, pero esto es otra de las principales deformaciones de la izquierda mexicana solo ha sido capaz de aglutinarse ante un caudillo. Históricamente lo hizo para las elecciones de 1988 y 1994, con Cuauhtémoc Cárdenas; porque aun cuando volvió a competir en las elecciones del 2000, militantes decidieron apoyar el voto útil que llevó a Vicente Fox a destronar al PRI. A partir de las elecciones del nuevo milenio el nuevo líder era López Obrador.

 

La izquierda reciente, la que se escindió del PRD se agrupó con López Obrador para formar Morena como el partido del monopolio de la verdadera y auténtica izquierda mexicana, dejando de lado al anterior partido, al del Trabajo y a Movimiento Ciudadano que también se presentan en ese espectro político.

 

Antes de 1988 la izquierda era un muy amplio número de partidos, y era y es muy de izquierda fraccionarse y escindirse, en la medida de que nuevos liderazgos asumen. La diferencia entre el pasado y la actualidad es que no tenían el alto cargo ni el número de gobiernos que ahora tienen, administraciones estatales y municipales, así como el Congreso federal y los locales, en todos lados tienen mayoría, y ese es otro problema.

 

Las divisiones internas como partidos en diferentes facciones los hacen actuar de muy diversas formas, muchas de ellas contradictorias, como un ejemplo de ello es la interpelación que hicieron los regidores del ayuntamiento de Acapulco contra la alcaldesa Adela Román Ocampo. En el Congreso local de Guerrero también se manifiesta la división de los legisladores morenistas.

 

Entre gobierno, congresos y partido sería difícil precisar cuántas corrientes existen en Morena, pero se podría asumir que son más de 30 que son el número de aspirantes a los cargos de dirección partidista.

 

El problema de las divisiones internas de los militantes de Morena y quienes encabezan gobierno no solo se manifiesta al interior de estas instancias, gobierno y congresos, sino atropella a otras instituciones.

 

La incapacidad para organizarse entre los militantes de Morena llevó a la intervención por pedido de parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a pedirle al Instituto Nacional Electoral a que organizara la selección del presidente y del secretario general de Morena.

 

Luego de lo anterior y en este proceso, los golpeteos por ganar los cargos en disputa no son entre los aspirantes, sino también contra la institución que está realizando el proceso. Los simpatizantes de uno de los candidatos están manifestándose en las instalaciones del INE para pedir “suelo parejo”, que quién sabe qué quiera decir eso pero al parecer no encontraron mejor forma de apoyar a su candidato que haciendo ruido en las instalaciones que a petición tiene que encontrarle el gusto a un organismo que no tiene a gusto nadie, porque en su ADN lleva la división como forma de estar unidos.

 

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