Morena, los adelantados de 2024

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El presidente Andrés Manuel López Obrador adelantó su proceso de sucesión hace algunas semanas cuando nombró a quienes podían ser los candidatos presidenciales de su partido Morena, en su lista mencionó a los “tapados” y a los de relleno, pero también excluyó al senador Ricardo Monreal Ávila. De los mencionados por López Obrador con posibilidades reales de competir solo se encuentran la gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Y recién, de nuevo, en una gira por Xochimilco con Sheinbaum, el presidente, que no acostumbra a contenerse en sus emociones, alzó la mano a la mandataria en un evidente gesto de que se trata de la beneficiaria de su preferencia electoral para la elección presidencial de 2024. Con estos gestos, el jefe del Ejecutivo indica el rumbo que habrá de tomar la selección de candidato o candidata de su partido, al apuntar también que esto se habrá de decidir mediante una encuesta preelectoral, al igual que se hizo con la selección de las quince candidaturas a las gubernaturas.

En la práctica este ejercicio es muy similar a los que hacían el presidente de la República y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en sus mejores tiempos de partido hegemónico. El presidente decidía y declaraba que “después de una amplia auscultación de los sectores del partido y de la sociedad”, anunciaba el nombre del sucesor, así como se hacía con los candidatos a gobernador. Ahora se cambia la “auscultación” de los sectores y representantes de la sociedad civil por “la encuesta”.

Cabe señalar que las quince encuestas que realizó Morena para la selección de las candidaturas fueron declaradas reservadas para que no se pudiera dar información sobre el método, la muestra y los días de aplicación, esto frente a una petición de un portal de noticias por conocer las condiciones en que se hicieron los estudios demoscópicos.

Frente a este contexto, el excluido por la mención presidencial de ser precandidato de Morena, Ricardo Monreal, se ha pronunciado por una elección interna, o unas elecciones primarias para la selección del aspirante de su partido para el 2024. En tanto que, López Obrador y Sheinbaum, insisten en el método de la encuesta para la selección, y la justificación presidencial y de la gobernadora, es que en las elecciones internas participa gente que no es militante del partido que las organiza.

Si bien es cierto la justificación del presidente y de la mandataria, también Ricardo Monreal tiene justificada su desconfianza por las encuestas. Al menos en la última selección fue agraviada por esta, precisamente en la que resultó candidata Sheinbaum para la Ciudad de México, y por cuya negociación ella se quedó como candidata a gobernadora y Monreal como senador.

Pero el problema para Morena y el presidente no es solo Ricardo Monreal, sino también el tercero que es Marcelo Ebrard, que después de la nominación presidencial comenzó a reunirse para trabajar su candidatura con diversos sectores y grupos sociales. Al igual que Monreal, Ebrard también sacrificó sus aspiraciones presidenciales en el 2012 en favor de López Obrador.

Tanto Ebrard como Monreal son rupturistas. Su presencia en la izquierda mexicana y en Morena obedece a esa trayectoria de rompimiento con el PRI y a sus fórmulas de selección de candidatos con los cuales, a pesar de estar inicialmente de acuerdo con los sistemas, formas y procedimientos, acabaron rompiendo.

Ricardo Monreal rompió con el Partido Revolucionario Institucional cuando no fue nominado candidato a gobernador por Zacatecas, renunció y fue postulado por el Partido de la Revolución Democrática. Gracias a ello fue mandatario.

En el caso de Marcelo Ebrard, era un hombre muy cercano a Manuel Camacho Solís quien a su vez rompió con el PRI después de que el presidente Carlos Salinas de Gortari nominó a Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial. El rompimiento, que no fue abiertamente, sino con acciones que demeritaban el trabajo del aspirante oficial, le ganó la animadversión popular luego del asesinato de Colosio, y por eso fue echado de las honras fúnebres.

López Obrador va a mitad de su mandato, pero su poder debió comenzar a menguar en el 2023, el año de arranque de las precampañas y campañas electorales, sin embargo, deliberadamente las adelantó y con ello prendió un fuego cuyos alcances todavía no se vislumbran, pero lo que se mira en el futuro no es nada halagüeño.

Quién sabe qué tanto blindará López Obrador a Morena, esa es la gran duda.

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