¡Muera la inteligencia!

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Cuando López Obrador, presidente electo de la República, insistió en cumplir su promesa relativa a abrogar la Reforma Educativa y Mario Delgado, coordinador de la bancada de Morena en la “H” Cámara de Diputados, declaró que “no quedará ni una coma de la Reforma Educativa”, y, para rematar, Martí Batres, presidente del “H” Senado, ya presentó una iniciativa de ley para reformar el artículo 3 de la Constitución con el mismo objetivo de derogar dicha reforma, en realidad, todos juntos, senadores y diputados morenistas, sin olvidar a otros legisladores camuflados, además de los “maestros” de la Coordinadora, entre otros, integrados en un coro siniestro, están cantando con todo el poder de sus voces sonoras un himno necrológico intitulado “¡Muera la inteligencia!”.

Construyamos una gran pira aquí, en el zócalo, a un lado de la bandera, como las existentes a lo largo de los magníficos 300 años de duración de la muy Santa Inquisición, e incineremos a los columnistas amarillistas, enemigos de la paz pública; quemémoslos vivos. ¡Cuánta razón tenían los maravillosos ensotanados cuando con sus cabezas cubiertas con enormes capirotes incineraban junto con sus lectores los libros de la Ilustración, los del Encicolpedismo y aquellos textos que contenían las ideas retrógradas y ridículas de la Revolución francesa y sus absurdos derechos universales del hombre. ¡Que prendan la hoguera! Tú, Delgado, el justiciero feroz defensor de la ignorancia, trae la tea y tírala encima de esta leña verde para chamuscar a los cien mil maestros que participaron en la investigación y actualización de la Reforma Educativa inspirada en Satanás, el terrible Mefistófeles. ¡Que viva la muerte, sí, señor, que viva una y mil veces! Sí, Batres, querido Martí, el gran inquisidor, enemigo de las ideas liberales, a ti que nada te avergüenza, quítate la capucha para que todo el público te vea y procede a achicharrar sin piedad a los funcionarios, docentes y expertos que propusieron actualizar el Sistema Educativo Nacional para impulsar su mejoramiento y foralecer la equidad. ¡Al carajo con la equidad y con los conocimientos! Mueran, que mueran quienes aseguraron la obligación del Estado de garantizar la calidad de la educación pública obligatoria para dejar de ser un país de reprobados con 50 millones de mexicanos sepultados en la pobreza porque no aprendieron nada en la escuela, si es que llegaron a asistir. ¡Que no quede nadie del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, la máxima autoridad en materia de educación! Traigan amarrados de pies y manos y con la boca llena de estopa humedecida con gasolina, a esos funcionarios dementes para carbonizarlos en esta feliz hora de la construcción de un mejor futuro para México.

Es falso que en las escuelas mexicanas se incube la mediocridad, es tan falso que en las pruebas de PISA de la OCDE, en materia de Lectura, Matemáticas y Ciencias, México encabezó invariablemente el primer lugar por arriba, muy por arriba, de los países nórdicos. ¡Falso, mil veces falso que México haya quedado en el último lugar en dichas pruebas! López Obrador y sus inquisidores tienen razón en derogar la Reforma Educativa para proponer otra hecha a modo por sus clientelas sindicales, como la Coordinadora Nacional de “Maestros”, que han dejado a millones de niños sin clases en los estados más depauperados del país. Nada de capacitar y evaluar los conocimientos para prosperar en la carrera magisterial; lo mejor es el ascenso por merecimientos sindicales, los indiscutibles méritos por haber participado en la toma de carreteras y aeropuertos, en el incendio de alcaldías y sucursales bancarias, en el robo de peajes, en el secuestro de camiones y haber rapado en público a maestras humildes decididas a asistir al salón de clases sin abandonar a sus alumnos. Ellos, y solo ellos, los aliados electorales de AMLO, son quienes deben empezar a redactar la nueva reforma.

No queremos que se sigan capacitando y evaluando más del 80 % de los maestros del país que están conformes con la actual reforma; preferimos profesores “aviadores”, que son 40 mil y han estafado al erario con un costo de cinco mil millones de pesos anuales. Así, y sólo así, se construye el futuro de 25 millones de niños que estudian la primaria llenos de esperanza por lo que les espera en la vida. Bravo, presidente electo, bravo, mil bravos y otros tantos a Delgado y a Batres, verdugos de los ignorantes que soñaban con un México digno y próspero con oportunidades para todos.

¿Más? Sí, que también traigan atado al rector Graue, miserable defensor de la autonomía; que lo quemen en la hoguera junto con todos los integrantes de la Junta de Gobierno opuestos al pase automático y a la sobresaturación de la UNAM. Vengan Delgado y Batres a chamuscar vivos en la pira capitalina a quienes se oponen a la permanencia de los fósiles, a la existencia de porros, al ingreso de estudiantes que no pueden escribir su nombre sin cometer faltas de ortografía. ¡Basta, claro que basta que al rector lo siga eligiendo la Junta de Gobierno, un grupo de “fifís” sin calificaciones académicas! A la pira con ellos para que los “estudiantes” de extracción morenista redacten nuevos estatutos que les permitan elegir a un nuevo rector, un marxista de la más pura cepa, para que en uso de la nueva autonomía proponga la impartición de teorías comunistas por las que el mundo ha votado democráticamente y han demostrado su eficiencia para incrementar el bienestar de las mayorías, como ha acontecido en Venezuela y en Cuba.

¡Mueran los institutos de capacitación y evaluación! ¡Mueran! ¡Muera la autonomía universitaria! ¡Viva un congreso estudiantil que nombre al nuevo rector! ¡Sí, que mueran los maestros ya capacitados y las maestras rapadas! Ellas, las primeras a la pira. ¡Láncenlas! Batres y Delgado, las antorchas: A quemar, es la hora de quemar y de cumplir la palabra empeñada por AMLO para promover, sin tardanza, el colosal retraso de México. Es la hora del fuego. ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! ¡Que vivaaaa!

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