Muertes, derroches y circo

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A VER, A VER… “Apártenme un lugar, apártenme un lugar…”, se escuchó una voz varonil entre los vasallos que acompañaban al Rey de Palacio que no se trasladó en carreta, ni en Jetta, tampoco en su tradicional camioneta blindada, sino en un poderoso Boing 737 militar del Aeropuerto de la Ciudad de México al de Santa Lucía… Eso sí, con cubrebocas.

Y claro, hizo 11 minutos de vuelo. Más tardó en colocarse el cinturón de seguridad que en llegar a su destino. Puro circo.

Si ese recorrido que hizo este 10 de febrero de 2021 lo hubiera realizado en vehículo se habría tardado casi dos horas, sin cortes de tráfico. Ah, pero el Rey de Palacio no quería dar un mensaje de fracaso en los tiempos largos, por aquello del rechazo de usuarios que viajan constantemente y que para no perder el vuelo tendrán que trasladarse con ocho horas de anticipación de la Ciudad de México a ese aeropuerto para registrar maletas y checar boletos.

Peroooo, aquellos pasajeros que tengan que hacer escala… esos estarán muy jodidos.

Ahí, el Rey de Palacio, cobijado por sus vasallos, luego de presumir su obra faraónica cuyo costo será superior a 80 mil millones de pesos, dinero del erario, engulló suculenta comida, mientras a lo lejos miraban soldados hambrientos y sudorosos habilitados de albañiles.

Mientras el circo estaba a todo tambor, hubo trabajadores que recordaron los 14 fallecidos y los 230 contagiados de COVID-19, a quienes nadie mencionó ni hubo un minuto de silencio en su memoria. Pura pachanga.

Y si a ello le sumamos 450 mil muertes por COVID-19 en 12 meses, según las actas de defunción, más 75 mil homicidios dolosos en dos años, la cifra llega a 525 mil fallecidos, más lo que se acumule…

Tales cifras de cadáveres por acción u omisión son obra de Andrés Manuel López Obrador. ¡Ji ñor!

En efecto, pasará a la historia como un mandatario frívolo, irresponsable e indolente ante la tragedia humana, ¿Cómo explicar tremendo derroche de recursos financieros en obras faraónicas, cuando el pueblo se debate entre la vida y la muerte en los hospitales y en sus hogares?

No le importa el sufrimiento humano. Al parecer lo disfruta; lo mismo reflejan sus vasallos, según parece.

El Rey de Palacio, como lo dijera Diego Fernández de Cevallos, no tiene ideología, lo que tiene son varias patologías.

Una de ellas fue nombrar al Aeropuerto de Santa Lucía, “Felipe Ángeles”, ¿por qué?

VEAMOS. El General Felipe Ángeles, de ideología marxista, se declaró un acérrimo enemigo de Venustiano Carranza y de la Constitución de 1917.

Al no contar con apoyo a su causa, se refugió en Nueva York durante una temporada donde formó parte del Comité Ejecutivo de la Alianza Liberal Mexicana. Allá se dedicó a atacar a Carranza y a los Constituyentes de 1917, mostrando sin rodeos su convicción comunista marxista.

Regresó a México a mediados de 1918, con el propósito de eliminarlo mediante una proclama que se conoce como Plan de Río Florido. Fracasó en su intento de unificar a los rebeldes, por lo que fue denunciado y aprehendido.

Entonces se le formó Consejo de Guerra por haberse sumado a las fuerzas de Pancho Villa, que todavía operaban en el norte. El Consejo estuvo integrado por los Generales Gabriel Gaviria Castro, Miguel M. Acosta Guajardo, Fernando Peraldí Carranza y José Gonzalo Escobar.

Fue sentenciado a la pena de muerte. Murió fusilado por traidor en Chihuahua el 26 de noviembre de 1919.

Y sí, Felipe Ángeles, por ser de ideología marxista, la misma de AMLO, lleva ahora su nombre el aeropuerto que se construye con dinero del erario y la sangre del pueblo. Vaya, vaya.

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