Mujeres, política y poder

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Para mi madre, Salustia Hernández, que ofició la política cuando todavía era un mundo mayoritario de varones.

Los gritos de las porras salían de los huecos de las celosías de la primaria “Emperador Cuauhtémoc”, ¿era uno solo o eran dos? Seguramente eran dos, pero recuerdo sólo uno, el de ¡Chila, Chila, Chila!, ahí en el puesto del mercado de mi mamá ausente, porque ella estaba precisamente allá adentro de donde salían los gritos estentóreos, en la escuela se reunían para elegir al candidato a la presidencia municipal, fue en 1978. Al final una fila de caras tristes y su contramoneda, los rostros felices de los triunfadores, salieron juntos por el portón de la primaria.

El asunto no paró ahí. Mi madre integrando una comisión visitó al gobernador Rubén Figueroa Figueroa para pedir que cambiaran al candidato a presidente municipal de San Marcos. El mandatario reprendió, muy en su estilo, a los de la comitiva y les dijo palabras más, palabras menos, que ya tenía a la novia lista y nadie le haría cambiar de opinión. Hasta ahí llegó la aspiración de una mujer sanmarqueña, Isidra Lucena, Chila, en la política, en el intento de ser la alcaldesa.

La primera mujer en el más alto cargo en un municipio, no se logró, porque la política, en ese entonces, era un asunto mayoritariamente de varones. En San Marcos fue a Salustia Hernández Arredondo la primera mujer a la que se dio la oportunidad de tener un alto cargo municipal, como regidora, en el periodo 87- 89 y la primera síndica, en el periodo 93-96 y entre los dos periodos fue diputada local suplente por el distrito 18. Las actividades de mi madre fueron las de incorporar a más mujeres en la política, pero también en lo que ahora se denomina empoderamiento económico de las mujeres, con proyectos productivos.

Aunque las mujeres, muchas mujeres, siempre hicieron vida política, fue poco a poco que se les fue reconociendo su trabajo y su capacidad por ejercer como funcionarias, aunque tuvieran que moverse en un mundo reservado para varones, tuvieron que trabajar el doble o más para que se les considerara capaces. Por ello es que es menester recordar la minoría en que fueron accediendo al poder público, a partir de los 70 fueron más que pudieron ingresar, después de 1937, en que Aurora Mesa Andraca, presidenta municipal de Chilpancingo, que se reconoce como primera alcaldesa de México e Hispanoamérica.

Treinta años después la política ya no es un asunto mayoritario de varones. En la década de los 70 hubo apenas 14 presidentas municipales en Guerrero, que en ese entonces tenía 75 municipios. Mientras que en la década de los 80, 11 municipios fueron gobernados por mujeres. En la dé- cada de los 90, otras 15 mujeres pudieron acceder al cargo alcaldesas. Mientras que los primeros 10 años del 2000, el número se redujo a ocho. Del periodo que está por concluir, 24 mujeres fueron presidentas.

Aunque por falta de información no se podrían concretar los datos de ediles del sexo femenino en este mismo periodo. Pero en el caso de las diputaciones locales, en tres legislaturas que abarcan de 1960 a 1969, tres mujeres ocuparon una curul. En tanto que de las legislaturas 46 a la 47, del 69 al 78 entraron una mujer por periodo. En la legislatura 49, de 1978-1981 entraron dos, de acuerdo a la historia de la legislatura de Guerrero. En tres legislaturas de la década de los 80, fueron apenas ocho diputadas locales.

Mientras que en las legislaturas de la década de los 90 accedieron a una curul del Congreso local, 23 mujeres. Mismo número en los primeros 10 años del 2000. Y 25 mujeres ocuparon una curul en las dos últimas legislaturas locales.

La primera diputada federal por Guerrero, fue la socialista Macrina Rabadán, del 58 al 61. Del 61 al 64 otra mujer, María López Díaz, electa por el distrito 2. En las tres legislaturas de 1973 a 1982 hubo también una mujer por periodo. En la década de los 80, en las legislaturas de 82 al 91, cinco mujeres ocuparon una curul de una legislatura federal. Otras siete mujeres fueron legisladoras federales en la década de los 90. 11 mujeres en los primeros diez años del 2000. Y nueve en las últimas dos legislaturas.

Donde la presencia de las mujeres disminuye drásticamente es en el cargo de senadoras. Aquí solamente aparece en dos ocasiones Guadalupe Gómez Maganda, en los periodos, 82-85 y 94-97, además de Leticia Burgos Ochoa, quien entró a la titularidad en calidad de suplente de Armando Chavarría.

A pesar de los esfuerzos hechos por los grupos y organizaciones feministas, aún existen espacios reservados para varones, como se puede observar en el Senado.

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