Mundamería reflexiva

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Estos comentarios no tienen la intención de agraviar u ofender a nadie, tampoco el propiciar controversias de ningún tipo; sino que son opiniones que pretenden fundamentar cuestiones, que han sido pregonadas y difundidas en diferentes medios, también con la libertad, pero, sin el calificativo de juiciero.

Si Jesús hubiese hablado del infierno, claro está que los primeros cristianos lo habrían sabido mejor que lo que podemos saber nosotros; pero vemos que ellos no tenían noticia de tal sitio. En los catecismos no se enseña más Credo que el reformado; pero en los catecismos romanos se ponen los dos, y aquí tenemos el Credo original, según consta en un catecismo aprobado por el cardenal obispo católico romano de Nueva York, John M. Closkey, cuyo sello apostólico lleva:

El Credo compuesto en el concilio de Nicea. “Creo en un Dios, padre omnipotente, hacedor del cielo y de la Tierra y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un Señor, Jesús, Cristo, el unigénito hijo de Dios, nacido del Padre antes de todo tiempo, Dios de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios; que no fue hecho, sino engendrado, consustancial con el Padre, por quien todas las cosas fueron hechas. Quien por nosotros los hombres (antes no había connotación de las mujeres y, no protestaban) y por nuestra salvación bajó del cielo y encarnó en la Virgen María, por obra del Espíritu Santo y fue hecho hombre. Fue crucificado, también ‘por nosotros’, bajo Poncio Pilato; padeció y fue sepultado. Y al tercer día, resucitó, según las Escrituras. Y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre y, debe venir otra vez, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, y cuyo reino no tendrá fin”.

“Y en el Espíritu Santo, el señor y dispensador de vida, quien procede del Padre y del Hijo; quien junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado”; quien habló con los profetas. Y en una Santa Iglesia católica y apostólica. “Confesó” un bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del tiempo venidero. Así sea. En este Credo no hay palabra de la bajada de Jesús al Infierno. Igualmente dice que Cristo resucitó “según las Escrituras”, en lo cual hay un “intríngulis”, porque, según las Escrituras, lo mismo puede probarse que Jesús resucitó como que no resucitó, y así se puede demostrar.

Una prueba de que en los primeros tiempos del cristianismo los doctores mismos de la Iglesia negaban la existencia del Infierno, aquí la tenemos: Al hablarnos en el capítulo de los Evangelios desechados, nos informamos de que se conocían, no solo los nombres de 58 (evangelios. Ojo con el dato), sino hasta el contenido de algunos de ellos. Como no puedo decir las cosas porque me da la gana, como hacen los santos doctores, pues a eso se reduce a representado el Espíritu Santo, vamos a copiar un trocito del Evangelio de Nicodemo, en el que se refiere cómo Jesús bajó a los Infiernos, cosa de que ninguno de los cuatro Evangelios declarados como únicos y verdaderos, dicen una palabra.

Lo declarado falso por la iglesia… “Y mientras Satanás y la furia así hablaban, se oyó una voz como un trueno, que decía: ‘Abrid vuestras puertas, príncipes; y alzaos, puertas eternas, y el Rey de la Gloria (Jesús) entrará’. ‘Y la Furia, oyendo la voz, dice a Satán: Anda, sal y pelea contra él. Y Satanás, salió’. ‘Entonces la Furia dice a sus demonios: Cerrad las grandes puertas de bronce, corred los grandes cerrojos de hierro, cerrad con llave las grandes cerraduras y poneos todos de centinela, porque si este hombre (Jesús) entra, todos estamos perdidos’. ‘Y oyendo estas voces, los Santos Antiguos exclamaron: Devoradora e insaciable Furia: Abre al Rey de la Gloria, al hijo de David, al profetizado por Moisés y por Isaías’, ‘Y otra vez se oyó la voz de trueno que decía: Abrid vuestras puertas, príncipes; y alzaos, puertas eternas, y el Rey de la Gloria entrará’. ‘Y la Furia grita rabiosa: ¿Quién es el Rey de la Gloria? Y los ángeles del Señor contestan: El Señor fuerte y poderoso: el Señor poderoso en la batalla’. ‘Y en el acto las grandes puertas de bronce volaron en mil pedazos, y los que la muerte había tenido encadenados se levantaron’. ‘Y el Rey de la Gloria entró en figura de hombre, y todas las cuevas de la Furia quedaron iluminadas’”.

Por último, el Rey de la Gloria y sus ángeles derrotaron a los demonios; Jesús agarra a Satanás por la cabeza con sus propias manos y lo entrega prisionero a los ángeles, dando órdenes para que le sujeten con cadenas; en seguida libera a todos los santos, empezando por Adán. Todo esto acompañado de unas descripciones capaces de poner los pelos de punta y darle una pesadilla a la persona más despreocupada. Afortunadamente, los Santos Padres decidieron que todo aquello era música celestial o, mejor dicho, infernal, decretando la Iglesia que fuesen quemados los Evangelios de Nicodemo… (Sin duda galimatías) FIN.

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