Neoliberalismo y la tierra prometida

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En 1980, con la llegada de Augusto Pinochet al gobierno chileno, Chile se convertiría en el laboratorio del neoliberalismo económico en América Latina. El gorila dictador llevaría a cabo y al pie de la letra las reformas económicas ordenadas por los halcones de Washington, a través de los economistas y los llamados Chicago Boys.

¿Por qué hago historia?

Mire usted. El presidente Andrés Manuel López Obrador maldice a dicha doctrina económica neoliberal y tras la renuncia de Carlos Manuel Urzúa Macías a la Secretaria de Hacienda por “discrepancias en materia económica neoliberal” y porque “en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”, han salido cualquier cantidad de voces morenistas que hablan de que Urzúa no entendió que López Obrador busca implantar en México un nuevo modelo económico. ¡Imposible!, en un mundo globalizado en que la nación azteca ha celebrado casi 60 tratados comerciales con varias naciones, en el mundo. ¿Permitiría el imperio capitalista, por ejemplo, una nacionalización de la banca? No. ¿Toleraría Washington la expulsión de México de las trasnacionales como cadenas Wal-Mart, Coca-Cola, empresas automotrices como la Fordd, etcétera? Sencillamente no. ¿Toleraría el capitalismo la violación de tratados comerciales que abren las puertas a libre mercado de productos? No. ¿Entonces a qué nuevo modelo económico se refiere López Obrador, al que imperaba en el sexenio de Luis Echeverría con una economía proteccionista y con derroche económico, populista para favorecer a los pobres, en lugar de ofrecerles trabajos dignos?… ¿Esa es la “cuarta trasformación” de la República?…

Aquí me asalta otra pregunta: ¿Usted nota algún cambio en lo que va del hablantín régimen de López Obrador? Yo, no. Fuera de las pifias y mentiras no se ve nada nuevo y por desgracia el presidente López está acabando con lo viejo, es decir, las instituciones que daban solidez a la República. Y todo porque él, es enemigo público número uno de las instituciones que son contrapeso del ponzoñoso presidencialismo. ¡Qué peligroso! Porque México pareciera enfilarse a una tiránica dictadura de un solo hombre.

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