No hay cultura sanitaria

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Era previsible que el desconfinamiento iba a traer como consecuencia el incremento de contagios, el problema es que los hospitales no están del todo preparados ni con equipo clínico ni con personal especializado.

 

La presión social por salir a trabajar ha provocado que hoy día se vivan lamentables consecuencias.

 

Nuestra entidad no es la única, los que pasaron de rojo a naranja han regresado a rojo en muy corto tiempo. Se predice un rebrote de contagios con lamentables consecuencias para el sector vulnerable.

 

Ante una ausencia de cultura de la prevención, se ha salido sin cobrebocas, sin gel antibacterial y sin medidas de sana distancia.

 

“Al final todos nos vamos a contagiar y no todos vamos a morir, es la selección natural”, se han conformado muchos.

 

La nueva normalidad nos ha demostrado que algunos pobladores no toman en serio el problema, al menos que hayan tenido una pérdida irreparable en la familia.

 

Vemos que en las redes sociales dan nombres de amigos y conocidos que se han contagiado y que han fallecido en poco tiempo y los números de la inseguridad nos han hecho tolerantes a la muerte, se ve como algo natural o normal.

 

Nos acostumbraron tanto desde las oficinas del gobierno en casos de encobijados y descuartizados al justificar que andaban en malos pasos, ahora se dice, es que fue culpa del paciente que perdiera la vida porque tenía malos hábitos alimenticios.

 

Cuando deberíamos tener un sistema de salud confiable, pareciera que desde que comenzó el problema en muchos lugares, los médicos no han tenido el reconocimiento social que se esperaba.

 

Hay quienes afirman “no lleves a tu familiar porque ahí los están matando”, alimentamos el morbo, compartimos mensajes de miedo, noticias falsas circulan y son consumidas por cibernautas que nada o poco tienen que hacer en esta era de confinamiento del “quédate en casa”.

 

La economía ha colapsado y el rebrote de contagios es un mal necesario, lo mismo que el recurrir al endeudamiento desde el Estado para ayudar a incentivar la economía o desde el hogar con casas de préstamo.

 

Se perdió el miedo al contagio ante la necesidad apremiante de comer o de salir del encierro. Las consecuencias las pagaremos todos en el corto plazo, con lamentables consecuencias. No estamos siendo empáticos ni previsibles, salvo contadas excepciones.

 

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