No, no existe vacuna

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Es una verdadera lástima, no solo para la clase política sino, con mayor agudeza, con la población mundial porque vivimos la pandemia y se necesita la cura.

 

Para tener una idea del daño que ha causado el virus, comparo.  En junio se contabilizaron 10 millones de muertes, y, a finales de agosto se elevó a cerca de 26. Dos veces un cuarto.

 

A mediados de agosto tanto Estados Unidos como Rusia anunciaron que ya tenían la vacuna. La Organización Mundial de la Salud les reconvino porque a “esa esperanza” científicamente le faltaban protocolos. El más importante es la última prueba masiva entre habitantes y todavía se tenía que esperar a conocer los resultados.

 

En verdad fue declaración política. Estados Unidos vivirá en los primeros días de noviembre su proceso político electoral. De ahí que el presidente Donald Trump requiera de la vacuna para ganar la elección, ya que la vacuna salva literalmente la vida y protegerá al presidente Trump.

 

El caso ruso, es como una especie de prestanombres de China. Los une el comercio y también una ideología socialista. China no puede o no debe decir que tiene la cura, porque en su territorio surgió este mal.

 

Al mundo le parecería sospechoso que China tuviera el origen de la infección y también su solución. Y por lógica se pensaría que los chinos utilizaron el virus como una herramienta de presión político económica para vencer al territorio capitalista.

 

Lo real es que nadie tiene todavía la vacuna. Continúa en etapa de experimentación.

 

En el terreno político se coloca en el consciente colectivo a la vacuna como la esperanza. Tal vez, desde un punto de vista psicológico, esa ilusión ayude a pensar que hay actividades que se pueden desarrollar y desvían la atención de la problemática. Vamos, descansa la mente.

 

Sin embargo, cuando se ha anunciado en México que está cercana la meta de la vacuna salvadora, la gente sale en tropel a la calle. Y esta situación ha provocado que haya más decesos. Y por ende incremento de contagios.

 

En territorio mexicano se calificó, por parte de autoridades de salud del gobierno, de catastrófico si se llegaba a 60 mil muertes.

 

Ya la rebasamos por siete mil.

 

La clase política mexicana está más preocupada por asomarse al proceso electoral (a escasos ocho meses) y se olvida de la salud de sus gobernados.

 

Es decir, les preocupa el poder y poco atienden la enfermedad, hasta parece que quisieran menos población para descender su gasto en esos sectores. Como que saben que en este siglo XXI, era de la tecnología y de la robótica, lo que sobra es mano de obra humana, pues ya llegó la máquina y es perfecta.

 

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