¡Nos mienten!

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López Obrador sostiene: “Tenemos 70 % de disponibilidad en hospitales” , en tanto López-Gatell declara que “estamos al borde del colapso en los hospitales públicos”. ¿A quién creerle? López-Gatell reconoció el pasado 8 de abril que los contagios se elevaban a 3,181, pero que la cifra, tal vez, debería multiplicarse por 8, es decir, a 26,000 enfermos. Una semana después confesó la existencia de 6,297 contagios confirmados, pero que los estimados remontaban a casi 56,000 o sea, 20 veces más. Julio Frenk, exsecretario de Salud, manifestó que deberían ser entre 30 y 50 veces más los casos confirmados. José Narro, exsecretario de Salud, otra autoridad en la materia, aclaró que el número de personas infectadas podría estimarse entre 120,000 y 500,000.

Cuando explotó la influenza en 2009, Calderón excluyó por ineficaz a López-Gatell al haber equivocado la estrategia para combatir la gripe AH1N1, al presentar cifras confusas, estadísticas falsas y contradictorias, tal y como hoy repite los mismos errores y subestima las pruebas del coronavirus, razón por la que vendió en febrero a China las mascarillas que hoy compra a 30 veces su valor…

López-Gatell mintió al criticar la efectividad de los kits de análisis que se practican en todo el mundo, razón por la que México está cerca de Bangladesh y Nepal en el número de pruebas de COVID-19 por habitante. López-Gatell mintió al decir hace tres meses que México estaba listo para enfrentar la pandemia, cuando faltan especialistas en áreas críticas y se carece de equipos esenciales para el personal médico, además de cubrebocas y guantes de uso clínico. López-Gatell aceptó ante el corresponsal de The Economist que el número de contagiados no es real y que existe una “cifra negra” oculta, al igual que “reconoció sus falsedades”, ante el Wall Street Journal.

Diversos gobernadores alegan que López-Gatell “no sube todos los datos de contagios de coronavirus a la plataforma electrónica de uso nacional”, por lo que la información de ellos no coincide con la del Gobierno federal. Se oculta la realidad al registrarse defunciones como neumonía atípica o comunitaria, tal vez para acatar las instrucciones del presidente de disminuir la dimensión de la pandemia y cuidar su imagen política. Nunca conoceremos el número de muertos.

AMLO tuvo meses para preparar al país, pero optó por recortar los presupuestos en salud e investigación y al hacerlo dejó indefenso al sistema hospitalario desde antes de la llegada de la peste.

Cuando las naciones se aterrorizaban por la pandemia y cerraban fronteras, puertos y aeropuertos, AMLO se resistía a interrumpir sus actividades cotidianas y presionó a las autoridades médicas para que lo comercios abrieran después de Pascua. Hasta hace unos días todavía declaraba: “No nos van a hacer nada los infortunios ni las pandemias”. “Hay que abrazarse, no pasa nada”. Sus amuletos “Detente” contendrían la pandemia. “El coronavirus no es algo terrible, fatal, ni siquiera equivale a una influenza”. “El coronavirus nos hace lo que el viento a Juárez”. ¿Sí? Solo que ignoramos a qué altura de la curva nos encontramos por los embustes de López-Gatell, quien no representa a los profesionales de la salud porque desconfían de sus modelos epidemiológicos. Algunos hospitales están repletos de cadáveres, se rentan camiones refrigerados a falta de servicios funerarios suficientes y se cavan fosas comunes para enterrar los muertos envueltos en bolsas de plástico.

¿Cómo hablar de austeridad cuando está en juego la vida?

La República no puede depender de un solo hombre, un incapaz y mentiroso, como López-Gatell, quien confundió la influenza con el coronavirus, repite los errores del pasado y, además, destruye nuestra economía con un confinamiento radical. Tampoco entiende que no entiende… ¿Y nosotros sí entendemos? Urge crear un “Consejo Sanitario Privado” integrado por epidemiólogos mexicanos y extranjeros para arrebatarle a un gobierno suicida el control de nuestra salud, además de un “Consejo Económico”, un frente formado con nuestros grandes economistas para disminuir los efectos de una catástrofe que ya se presentó. No permitamos que nos mientan.

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