Nubarrones en Pemex

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A VER, A VER… El tan cacaraqueado Plan de Negocios de Petróleos Mexicanos (Pemex), presentado este martes en Palacio Nacional, resultó todo un fiasco. Y por lo tanto grave para el país.

A decir verdad, desde abril de este año se veían los primeros pincelazos que eran contrarios a la realidad económica de la paraestatal. Pero la clase gobernante no entiende de realismo, sino de fundamentalismo.

Mire usted, Petróleos Mexicanos es una empresa técnicamente quebrada, con una abultada deuda de aproximadamente 115 mil millones de dólares. Y un pasivo laboral de un billón y medio de pesos.

Asimismo, cuenta con alrededor de 120 mil trabajadores, de los cuales apenas está en activo un 40%. Además se contrata a otras empresas para el trabajo pesado.

La empresa como tal, ya no pertenece a los mexicanos, si es que alguna vez lo fue, sino a los acreedores extranjeros.

El problema de la paraestatal es grave y requiere cirugía mayor. La reforma energética era una solución cercana a la realidad. Había que perfeccionarla, no matarla, como lo está haciendo la actual administración.

Veamos. El ingeniero agrónomo Octavio Romero Oropeza, director de Pemex, sin una explicación realista anunció que el Gobierno federal abandonó las rondas petroleras y los farmouts, donde la iniciativa privada compartía riesgos financieros y tecnológicos, así como las ganancias resultantes con la petrolera.

Pemex o más bien Andrés Manuel López Obrador, ahora plantea la participa- ción empresarial a través de los Contratos de Servicios Integrales de Exploración y Extracción (CSIEE), que es un modelo de prestación de servicios mediante el cual las compañías privadas aportan el 100% de la inversión requerida para la explora- ción y producción de crudo en un campo. A cambio, los contratistas reciben una remuneración en dólares por unidad de hidrocarburo producido.

Desde luego este modelo de negocio no es atractivo para las compañías privadas nacionales o extranjeras, y por lo tanto recogerán sus canicas y se irán del lugar. Y no es que sean apátridas, sino que nadie está dispuesto a perder.

En tanto que con las rondas petroleras y los farmouts, las compañías privadas podían vender el petróleo obtenido en el extranjero y compartir las ganancias del crudo con Pemex. Y con el nuevo modelo de negocios, no.

Sin embargo, Octavio Romero y en particular el presidente López Obrador, lanzan este plan con maña. Es decir, saben que los inversionistas no participarán en esa aventura. De lo que se trata es regresar a Pemex como monopolio estatal, con todas sus consecuencias nefastas.

Así, anuncian por una parte una reducción fiscal a Pemex y por otra un aumento de subsidios para rescatar a la petrolera. Sin embargo, las cifras no cuadran. Y los resultados serán negativos.

Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, me comentó hace algunas semanas que el gobierno no puede con todo. Necesitamos al sector privado, nos guste o no, dijo.

Al respecto, analistas de Citigroup adelantaron sobre el fallido Plan de Negocios de Pemex que es inevitable una baja en la calificación de la paraestatal como en la del soberano “es cuestión de tiempo”.

Y sí, expertos financieros del banco encabezados por Ernesto Revilla dicen que la estrategia de Pemex “no resuelve los principales problemas estructurales de la empresa”.

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