OPTIMISMO PARA EL FUTURO

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ADRIÁN WENCES CARRASCO


Está por demás hacer un recuento de los daños causados por la pandemia de COVID-19 a México y el mundo; no hay un memorial comparable con esta situación. La nación en su flanco económico está semiparalizada y esto tiene como consecuencia un desequilibrio en el resto de las actividades nacionales que se sustentan en el soporte de la economía.

Al cerrarse las playas en Guerrero, que son el primordial atractivo turístico con el que contamos, queda en suspenso toda la generación de empleos, utilidades comerciales, uso de personal y, en fin, de todo el calor humano generado por el trabajo de tanta gente que depende de su mano de obra para su sustento y el de sus familias.

Fue una medida necesaria para evitar aglomeraciones de quienes no asumían con responsabilidad la gravedad de la contingencia sanitaria.

En lo que respecta al cuidado de la comunidad social, se han acatado las recomendaciones del sector salud nacional y de la Organización Mundial de la Salud, quienes tienen la última disposición respecto a las medidas precisas para frenar la expansión de los contagios y poder, de esta manera, proteger a la población civil.

En medio de la inclemencia sanitaria, quienes asumimos una responsabilidad social en los medios de comunicación a lo menos que estamos obligados es a cuidar y compartir un estado de ánimo optimista haciendo llegar a nuestros lectores la confianza en un mundo mejor el día de mañana y que pese a los ataques de la enfermedad, a su fiereza, daño y perjuicio a la población, vamos a salir victoriosos al final de la pandemia. Tengamos valor para no caer en el derrotismo que obnubila sentimiento y pensamiento; seamos enteros, comportémonos a la altura del sacrificio; hay que advertir el futuro con optimismo. Venceremos es nuestra consigna.

No está por demás repetir lo que nos han dicho mil veces las autoridades preocupadas por este desafío: sí, quédate en casa; usa cubrebocas; mantén sana distancia; sal exclusivamente por cuestiones indispensables; estar en confinamiento no te enclaustra gratuitamente, es lo único que te protege de adquirir el virus en lugares contagiosos.

Cada día falta menos; no hay mal que dure 100 años, dice el conocimiento refranero. Si la medicina hace lo suyo, si las autoridades cumplen con su tarea, si todos colaboramos en apuntalar las soluciones, más pronto veremos la luz del orto en un amanecer luminoso.

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