Pactos y confrontaciones en el ascenso al poder

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Dicen, los que saben, que después de la tormenta llega la calma, pero en época electoral tal parece que las cosas no son así.

Para los gobernantes en turno, todo indica que el ejercicio del poder desgasta, pasada la euforia del triunfo, los electores se sienten desencantados ante la falta de resultados concretos.

Así, los ciudadanos observan impávidos de cómo en los cuartos de guerra se diseña la ruta a seguir del mercadeo político y de su capacidad para incidir en la voluntad del electorado el día de la jornada electoral. Falta mucho, le han apostado algunos. Para los aspirantes y candidatos los tiempos se agotan.

Y aunque dicen que no hay mal que dure cien años, parece que sí. Los partidos políticos y los grupos de poder una vez instalados no aplican eso de que «el que ya bailó que se siente».

Al contrario, “siempre los mismos”, dice la población que observa cómo la paridad de género se degeneró, porque ahora las esposas, hijas y hasta amantes le entran para la sucesión del poder.

“La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los filósofos: ¡Pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito!”, había escrito Milán Kundera al comenzar su novela: “La insoportable levedad del ser”.

Y sí, el sol azteca nació de una ruptura al interior del tricolor en el 88. Luego vino la salida de algunas tribus del sol azteca para conformar Morena. Y curiosamente hoy la alianza PRI-PRD ha dejado perplejo a más de uno, sobre todo a los militantes de izquierda, esos mismos que un gobernante llamó «lucradores sociales».

Y sí, el poder corrompe, o muestra a los seres humanos tal cual son. Tiempos aquellos cuando se construía la nación y los primeros legisladores no cobraban un centavo por sus servicios.

Lograr la institucionalidad no fue tarea fácil, lo mismo que los esfuerzos por democratizar el ascenso al poder, porque los partidos políticos perdieron credibilidad. Lo mismo que la narrativa de sus líderes o los hoy candidatos.

Al arribar al poder, domesticaron a la izquierda y sus ideales de cambio, los gobernantes se adaptaron al sistema y hoy la derecha o llamados conservadores enarbolan las causas de justicia social antes solo privativas de un pensamiento antisistémico.

Al ser desplazados del poder, han asumido la resistencia. Y lo que se observa es una confrontación del país que ya han comenzado a judicializar la política, porque hay un sector que no solo desea enjuiciar a los expresidentes sino a todo aquel que haya disfrutado de las mieles del poder.

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