PAN, adversario

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Ingresar a la política o hacer política de buena fe, con todo respeto, es pecar de inocente. Y eso fue lo que hizo Manuel Gómez Morín como candidato a la presidencia nacional del partido azul. La realpolitik (política efectiva) es otro asunto. Aquí se trata de ganar a como dé lugar. Te alías hasta con quienes han sido tus más terribles adversarios.

Aquellos (tus enemigos) buscan lo mismo que el candidato: ganar. Ya juntos, se distribuyen el pastel. Los ilusos fueron los que votaron; por eso se invoca la frase “ténganme confianza, no les fallaré”. En el PAN, triunfó Marko Cortés, quien se alió con poderes reales en cada entidad. Por su parte, Gómez Morín le apostó al recuerdo de su abuelo, un personaje ilustre y de honestidad pública.

Cortés obtuvo el 70 por ciento de los votos panistas. Fue arrollador. De primer momento se antoja un partido fuerte; sin embargo, comenzaron las declinaciones y esto debilita al partido. De acuerdo con las primeras declaraciones de quien será el próximo dirigente nacional del PAN, no será un partido de oposición ideológico. Jugará sus cartas de acuerdo con el ambiente político. Será aliado y adversario, jamás de oposición. Muy ambivalente, pero respetable su juego político.

El PAN históricamente había sido una fuerza opositora, ahora será acomodaticia. Esa posición ideológica panista abre la posibilidad de una organización cuya base se localiza en la sociedad. Observamos que el PAN se la va a jugar de aliado con el partido en el poder y ha comenzado a alejarse de su sector más importante: la clase media.

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