Piense un poco: Aquí entre nos

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¿Ha pensado usted en los efectos que pueden ocasionar a los organismos vivientes, al someterse a un campo de influencia de las líneas de fuerza magnética? ¿Qué pasará en la estructura atómica de los alimentos molidos o triturados en licuadoras? Toda vez que sabemos que allí hay presencia de grandes fuerzas magnéticas. ¿Qué nocivas influencias nos traen, por ejemplo, el teléfono, la televisión, las grandes maquinarias electrónicas; las luminarias que emiten radiaciones electromagnéticas, visibles o no?, ¿los ventiladores, computadoras, radios transmisores, sobre todo, portátiles, los hornos que inclusive se conocen como de microondas? Todo está a nuestro alrededor y no necesariamente en contacto directo con nosotros. Para circunscribir en un contexto, aclaro que el magnetismo es la propiedad de ciertas sustancias de atraer al hierro, al acero y otros materiales. Las fuerzas magnéticas son producidas por el movimiento de partículas cargadas, como por ejemplo electrones, lo que indica la estrecha relación entre la electricidad y el magnetismo. Se descubrió que el magnetismo se puede controlar, pero no evitar.

Podemos decir que todo aparato eléctrico, tiene también una parte magnética, están íntimamente combinadas y los efectos en los organismos, hasta este momento no han preocupado, por lo menos aparentemente, a los estudiosos de la ciencia o probablemente están respondiendo a intereses mercantiles de los fabricantes, que minimizan u ocultan la información para proteger sus ventas. Debemos saber que existen unos dispositivos electrónicos —circuitos integrados—, que son memorias para las computadoras, borrables y programables por medios eléctricos, que, de no estar encerrados en una caja opaca, destruiría la retina del ojo en fracciones de segundo, produciendo la consecuente ceguera. Esto, no trasciende.

Está comprobado que las radiaciones originadas en explosiones atómicas, traen principalmente al cuerpo humano una serie de trastornos de los cuales algún tipo de cáncer es lo más común. Pero resulta que no son las bombas y detonaciones atómicas las únicas fuentes emisoras de radiaciones. Se sabe que cuando una radiación gamma (cuya longitud de onda es menor que la de los rayos “x”), choca contra un átomo, se convierte en un ion (o ión) positivo, es decir, lo que hace es perder electrones de valencia. Los átomos más expuestos a la ionización son los de hidrógeno, por ligeros y extremadamente abundantes en la materia viva.

Este comentario no tiene intenciones alarmistas, no es ningún virus, bacteria o cosa que se le parezca, sino que pretende hacer pensar, razonar, investigar y llegar a alguna conclusión. Para las emisiones radioeléctricas, en las que estamos inmersos, no tenemos protección, penetran todo tipo de materiales, depende la potencia y la distancia. Insisto que se pueden controlar, pero no evitar. En mi práctica profesional, de unos sesenta años —en el periodismo incursiono como aficionado por más de veintitantos años—, he podido hacer algunas crestomatías de los temas que me interesan. Una de ellas se basa en temas como las frecuencias, la clasificación y características, desde las muy bajas (30,000 metros de longitud de onda), las microondas desde 0.1 M, los rayos infrarrojos (desde los 0.000,4 metros de longitud), la luz visible, los rayos ultravioletas, rayos “X”, los gamma y los rayos cósmicos cuya longitud de onda va desde los cien mil millonésimos de metro.

La luz visible, para nosotros empieza con el color rojo, siguen el anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta que es —entre estos— el de más alta frecuencia. Tras una audición, escudriñando por medio del radio —radiodifusión desde luego—, pude escuchar directamente, a través de una radiodifusora internacional de Nederland (en español, por supuesto), una nota que se refería al perjuicio que ocasionan las radiaciones de los aparatos llamados celulares (que son transceptores propiamente dicho), sobre el cerebro del usuario que se obligaba solo a colocarlo sobre la oreja (ahora se pueden alejar un poco con los audífonos) y que ocasionan alteraciones sin advertencias al organismo. Esta recepción la realicé hace muchos años, cuando no existía el prurito de poseer un aparato de esos.

Considerando que los holandeses tienen los adelantos tecnológicos muy superiores con relación a los de otros países, consideré oportuno tomar en cuenta esas advertencias. Ahora que estamos rodeados de un sinnúmero de antenas retransmisoras de señales radioeléctricas, por lo cual, su saturación, impiden la recepción que antaño se lograba, por la poca cantidad de estaciones de entonces. Considero que, por las informaciones que nos llegan de la comunidad, la proliferación de enfermedades, principalmente cancerígenas, han ido en aumento en los últimos años. Recuerdo que en alguna vez se habló de ver a la televisión a una cierta distancia, además, colocar el aparato a una altura superior a la del observador de pie; es decir, verlo hacia arriba. No me haga caso, dije que solamente piense un poco: aquí entre nos. FIN.

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