Pinto de vista

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NO HAY DIPUTADO, SENADOR, GOBERNADOR, PRESIDENTE MUNICIPAL O COMO “LE APODEN” AL FUNCIONARIO, DE CUALQUIER NIVEL, que nos haga el favor de investigar y explicar a los usuarios y consumidores, dónde van a parar los dineros de los cobros de esos rubros que en los recibos de pagos los disfrazan como DAP o séase el “derecho al alumbrado público” o como simplemente “drenaje” en los recibos del agua. Y es que jamás, nadie, ni la Comisión, ni CAPAMA nos rinden cuentas de tan cuantiosa cantidad de dinero que recaudan por esos conceptos, en forma bimensual o mensual, que se suponen son para mantener el alumbrado público y el drenaje en condiciones de perfecto funcionamiento y no es así. ¡Cuentas, cuentas!, claman los tantos miles de contribuyentes que no saben —aunque se lo suponen—, por donde se escapan los centavos. ¿Cuánto y cómo se gastan? (Se habla insistentemente en medios periodísticos y oficiales de desfalcos y robos que nunca llegan a la investigación final).

APARENTEMENTE NO HAY EXPLICACIÓN POSIBLE DEL POR QUÉ LAS AUTORIDADES DEL MUNICIPIO Y/O DEL ESTADO NO TIENEN PARA cuando frenar los desmanes —por decirlo eufemísticamente—, de choferes “urbaneros”, que continúan provocando problemas de embotellamientos, de choques y lo que es más grave, atropellamientos, sin que haya acciones reales, no aparentes, que los “metan en cintura”. Es del dominio público —de ahí lo de aparente—, que los dueños de los cientos de concesiones, del también conocido pulpo camionero, monopolio pues, son encumbrados funcionarios, políticos y ricachones influyentes. (O por lo menos lo fueron para conseguir sus privilegios. Ya sabemos que muchos se avergüenzan de ser del PRI, PRD y PAN, partidos que no son aceptados en el estado; y hasta buscan o buscaron su acomodo por otros lados, están los casos de… usted lo sabe).

NO TIENE CASO PENSAR EN QUE PUDIERAN —LLEGADA LA CIRCUNSTANCIA— RETIRAR DEFINITIVAMENTE LAS CONCESIONES PORQUE, sabemos, primero se hunde un submarino en la bahía, que autoridad alguna se atreva a proceder con energía en contra de los choferes poseídos del demonio. Si no han podido, o no han querido, eliminar a los prototipos de ciudadanos futuros del país, conocidos como “chalanes”, tampoco eliminar los estridentes y estrepitosos sonidos y mucho menos los folclóricos colores exteriores, ya no digamos interiores, de los carros que son la burla a un pueblo que aguanta de todo. Y eso que es un puerto internacional y que los políticos aman mucho. ¿Uniformes? ¿Para qué? Si son parte del folclor.

LOS “TAQUEROS” CALLEJEROS, SON COMO LOS VENDEDORES AMBULANTES, EL MAL ENDÉMICO QUE YA FORMA PARTE DEL igualmente folclor y característica de Acapulco. Son producto del arreglo que funcionarios del Ayuntamiento sostienen con los expendedores a quienes le quitan producto de trabajo y mercancías, sin que el Ayuntamiento se entere de nada. A menos que también la presidenta municipal mande la camioneta a recopilar tortas y tacos para disfrutar en reuniones con sus allegados. Además, desde luego, del jugoso negocio de los líderes que los mangonean y esquilman, son la mina de oro para quienes velan por que no desaparezcan. Se elimina uno y salen veinte. En todas las esquinas —y no esquinas—, de todas las calles, hay por lo menos un “taquero” que “alimenta” a sus clientes, no muy preocupados por su, de por sí, maltrecha salud. ¿Y Salubridad qué tan pendiente está de la salud del pueblo? Celebro que la pandemia haya frenado ciertas cosas. FIN.

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