Pobreza y recursos públicos

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El pasado 23 de octubre, algunos alcaldes, entre ellos el de Chilpancingo, acudieron a Palacio Nacional para solicitar audiencia con autoridades federales, y pedir más recursos en el presupuesto de egresos de 2020, fueron recibidos con gas lacrimógeno.

Ante tal respuesta el alcalde capitalino aumentó 300% al tabulador del impuesto predial. Lo que ha generado malestar entre la ciudadanía. Por la nula transparencia y la falta de rendición de cuentas. El alcalde aclaró que fue una “actualización autorizada por el congreso”. Y también reconoció que ha solicitado un crédito bancario de 50 millones de pesos para pago de aguinaldo a trabajadores del municipio.

El argumento ha sido el mismo, pedir más recursos federales porque hay problemas de pobreza (condiciones de vida por carencias sociales y limitados ingresos económicos), esa ha sido la narrativa de los discursos públicos desde hace algunos años. Y ahora, en el marco jurídico, en la idea de la dignidad humana y la defensa de la vida y la participación ciudadana.

Sin embargo, pocas acciones se han concretado para erradicar ese malestar entre la población. En 2016 la insensibilidad de la extitular del desarrollo social, quedó en claro cuando señaló que con 12 pesos diarios por persona, podía obtener salud, alimentación y educación de acuerdo con el programa Prospera.

Ese programa que antes se denominó Progresa y luego Oportunidades, tuvo como origen que había familias que si bien tenían formas de subsistencia alimentaria, no tenían ingresos. Por ello se les entregaron aportaciones económicas para que hubiera flujo de capital en las comunidades rurales e intercambio comercial.

Para ello CONEVAL estableció una línea mínima de bienestar. Esa institución reportó que en 2012 en México había un 45.5% de la población en condiciones de pobreza, es decir, 53.3 millones de mexicanos. Los datos son preocupantes, porque de 2016 a 2018 en Guerrero la pobreza aumentó de 64.4% a 66.5%, es decir, ese año se sumaron 145 mil guerrerenses más. Por lo que uno de cada tres guerrerenses vive en pobreza.

Aunado a eso, se observa que actualmente no hay control de precios en productos como el aguacate o el pollo.

Por ello, se debería apostar a la generación de empleo e ingreso o fomentar el autoempleo o trabajo por cuenta propia, mediante el fomento de micro negocios. Las políticas asistencialistas resuelven el problema en el corto plazo, pero la productividad lo hace en el mediano. Habría que analizar que hicieron en Coahuila, Aguascalientes y Colima que de acuerdo con datos de CONEVAL han disminuido la pobreza de una cuarta parte de su población en la última década.

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