Policías y Comunitarios

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La detención de al menos 70 personas en la Costa Grande, que presumían ser policías comunitarios, coloca de nueva cuenta esta figura en las noticias principales, y de la cual el periódico Novedades publica asuntos relacionados con el tema este lunes, y que tienen que ver precisamente con los excesos cometidos por estas organizaciones cuyo fin y objetivos son cada día menos claros y transparentes.

Con respecto a la detención de los presuntos comunitarios detenidos en La Unión y que acudían a Petacalco, con armas de alto calibre, el gobernador Héctor Astudillo aseguró que no se permitirá que se suplante la autoridad; y la otra fechada en Chilapa en la que piden que se ejecuten ordenes de aprehensión en contra de una agrupación de policías comunitarios llamados Pueblos Fundadores, acusados de cometer asesinatos. Asimismo, el obispo de la Diócesis Chilpancingo- Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, acusa que algunas guardias comunitarias se encuentran al servicio del crimen organizado.

Los presuntos comunitarios detenidos en la Costa Grande se identificaban como miembros de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), quienes se trasladaban a la localidad de Petacalco para posesionarse, en una supuesta disputa por el territorio con otro grupo.

Las policías comunitarias, que no tienen nada que ver con su interés y espíritu original, apoyada en el Sistema de Justicia Comunitaria en la que se promovía la reeducación de quienes incurrían en un delito menor, y ubicadas en zonas mayoritariamente indígenas que precisamente por la lengua se veían limitadas el acceso a la justicia. Eran otros tiempos, porque el tema del tema del narcotráfico, con la siembra de enervantes y secuestros, no eran un problema de inseguridad como ahora lo es.

Así que proliferación de estos grupos de policías comunitarios y autodefensas, que surgieron con la presunción de acabar con los problemas de inseguridad y violencia han contribuido más a incrementarla que a disminuirla.

No contribuyeron a mejorar el acceso a la justicia, sino a comportarse como los grupos armados delictivos, sin embargo bajo el aura legitimadora o pretendidamente legitimadora de policías comunitarias los que le ha valido actuar con impunidad y con abusos de fuerza en la mayoría de los casos.

Si los grupos delictivos lograron infiltrar a los cuerpos policiacos municipales, como se ha visto y se reflejó con mayor intensidad en los hechos del 26 y 27 de septiembre del 2014, en que desaparecieron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa en Iguala, en cuyos hechos los policías de Iguala y de Cocula, tuvieron una participación de cómplices.

Además de las acusaciones que se han dado en Acapulco contra mandos policiacos, en los que se ocuparon las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública del municipio, para detener a un par de comandantes, es una muestra del poder corruptor de los grupos del crimen organizado.

Por eso, no sería nada extraño que algunos de esos grupos que actúan con el manto protector del nombre de policías comunitarios estén también infiltrados por los grupos delictivos.

En este sentido, los objetivos de los policías y los comunitarios sería el mismo que sería proteger los territorios en disputa de los grupos criminales, y no la seguridad de la población.

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