Políticas públicas y clientelismo

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Las políticas públicas son planes de acción específico de un gobierno en el marco de las leyes en las que se reconoce e impulsa la participación de los ciudadanos; las políticas públicas es la ciencia de gobernar con eficacia, como tal se comenzó a aplicar en Estados Unidos a partir de los años 50 por el sociólogo Harold Lasswell y en los 80 en México, pero fue a partir de los 90 cuando se comenzó a preparar recursos humanos para esto.

A pesar de que originalmente las políticas públicas se contravenían a la política de los países comunistas que impulsaba la planificación central integral, en el caso de los países enrolados en el capitalismo se elaboraron planes de acción en concreto y no holísticos, es decir que abarcaran todo.

Las características fundamentales de las políticas públicas son su orientación hacia objetivos de interés o beneficio público, la idoneidad para realizarlos, la participación ciudadana con el gobierno en la definición de los objetivos, instrumentos y acciones, su implementación y evaluación ya sea por la misma administración o en asociación de actores sociales. Es decir qué se va hacer y cómo se va a hacer y quienes y porque se beneficiarán.

Estas ideas tan básicas en lo que se denominó la inteligencia de la administración, de las formas en que se deben tomar las decisiones para resolver problemas a corto, mediano y largo plazo de una comunidad determinada, que sin embargo no prosperó por la simple y sencilla razón de que estos postulados ideales chocaron con el clientelismo político. El clientelismo político se basa en la relación denominada patrón- cliente, en la que un grupo de personas que obtendrán algún tipo de beneficio se reúnen en torno a alguien que con un cargo burocrático o político está a cargo de los recursos públicos que reparte como patrimonio personal para ganar adeptos.

En la medida de que puede acceder a mayor número de recursos y más cantidad se incrementará el número de seguidores, mientras que estos asumen el papel de clientes y abandonan su condición de ciudadanos con derechos y deberes.

Esta característica una profunda herencia de los primeros años del priismo. Desde que se formaron los sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como son la CNC que aglutinaba a los trabajadores del campo y sus propios patrones; la CTM que adhería a los obreros y a la CNOP que incluía a los burócratas se generó una cultura clientelar.

Los beneficios de acceso al empleo, su permanencia y ascenso se debían no a los méritos laborales sino a su apego a un líder; de la misma forma ocurría con las prestaciones sociales que incluían los trabajos, créditos, viviendas, entre otras. Cuando se suponía que la derrota del PRI se intuía que este sistema clientelar se terminaría, pero no ocurrió así. La fuerza de la costumbre y la falta de ciudadanía hicieron permanecer este sistema clientelar.

A lo largo de veinte años en que el PRI ha dejado de ser partido hegemónico primero y predominante después, esta fórmula sigue funcionando; aunque ahora no sólo con los recursos públicos, sino también con dinero mal habido. Las dádivas de turbio origen que se acostumbran a dar en los procesos electorales, he generado que no se ensayen políticas públicas que resuelvan problemas, sino ejercicios gubernamentales que generen dinero para recuperar lo invertido.

Y así hemos visto cómo es que se destruyen y construyen calles, puentes y avenidas; y siempre que se habla de políticas públicas se habla de fuertes inversiones cuyo beneficio siempre es dudoso.

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