Presidentes pobres y ricos

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¿Usted amable lector o radioescucha sabe de algún presidente de la República que haya salido pobre después de su encargo? Veamos a qué cuervos elegimos para que nos saquen los ojos. El robo y el saqueo de las arcas de la nación tienen que ver con la deshonestidad y la avaricia. La avaricia es uno de los siete pecados capitales que tiene que ver con los patrones de la mente humana y que estudian la sociología y psicología, cuya manifestación es que una persona, en este caso un politicastro, que es deshonesto, si llega a tener en sus manos el poder y el dinero, en ese momento se vuelve loco y la primera reflexión que pasa por su mente es la de resolver lo más pronto posible y sin el menor esfuerzo su problema económico para toda la vida, así tenga que robar o matar.

El defecto de la avaricia tiene dos siniestras caras: La primera, se manifiesta con la acumulación de riquezas y más riquezas. Y la segunda, vuelve a los seres humanos miserables, incapaces de desprenderse de un peso, un vaso de agua o de cualquier otro bien, aunque no faltan aquellas personas que teniendo la avaricia se convierten en títeres de sus emociones y suelen ser derrochadores, pues con dinero compran voluntades, placeres y todo lo que se les venga en gana. Quienes hemos estudiado un poco la historia del presidencialismo, sabemos que muy pocos presidentes de la República han salido pobres y se pueden contar con los dedos de la mano, entre ellos don Mariano Salas, su tocayo Mariano Paredes, Benito Juárez, Pascual Ortiz Rubio conocido como “El Nopalito”, Eulalio Gutiérrez, Francisco I. Madero, Emilio Portes Gil, Valentín Gómez Farías y párele de contar.

En cambio, el defecto de la avaricia ha caracterizado al mayor número de presidentes de México, incluyendo al actual. Por ejemplo, a Miguel Alemán Valdés se le conoció con el mote del “Presidente del 10” y es que se puso de moda que cada empresario que lo iba a saludar a Palacio Nacional le ofrecía el 10 % del valor de las acciones de su empresa y se cuenta que la familia Alemán Valdés y luego, Velasco, llegó a acumular más de 400 empresas. De Luis Echeverría se cuenta que era dueño de casi todo Cancún e incluso, se asegura que ordenó al Banco de México fundir las antiguas monedas de a $20 centavos que tenían como efigie una pirámide para convertirlas en rompeolas de aquel puerto en Quintana Roo y hasta su esposa, María Ester, se hizo de una famosa empresa de lácteos Alpura, entre muchas otras propiedades.

José López Portillo, aquel que lloró y prometió defender como perro al peso mexicano, se hizo dueño del predio conocido como “La Colina del Perro” en Cuajimalpa, que heredó a la actriz Sasha Montenegro. De Adolfo López Mateos se cuenta que depredó al erario público para hacer espléndidos regalos a sus muchas mujeres que llegó a tener. De Manuel Ávila Camacho, el último presidente de extracción militar, se cuentan horrores, pero más de su hermano incómodo Maximino, ese que hoy tiene una hija en el gobierno de la 4T, quien amasó más de una docena de ranchos y propiedades de alto valor, y lo mismo ocurrió con Raúl Salinas, el hermano incómodo de Carlos Salinas. Hay documentos probatorios que dan cuenta de que Raúl se robó hasta un tren cargado de granos y leche en polvo de la Conasupo, amén de los más de 100 millones de dólares que amasó en paraísos fiscales como Suiza

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