Primero lo político, ¿después la salud?

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Retomo a Guillermo Prieto en sus “Memorias de sus tiempos”, nos dice que en la epidemia del “cólera morbo” del año 1833, año “horriblemente memorable”; ante calles desiertas, anuncios de contagio, rezos, criaturas jugando con los rizos de su madre ¡muerta!… consejas, parches milagrosos, bando de gobernador – alias Macaco- General Martínez anatematizando los chiles rellenos y además inundaciones y lluvias, la política estaba activa.

 

Ante escenas desgarradoras en las vecindades de los pobres y casas de los ricos. Pánico en las calles y en el uso de las “medicinas” milagrosas y toda clase de supercherías como esos parches blancos que todos se pusieron porque sanaban. Los médicos perseguidos y maltratados. Curaciones falsas, chirrido lúgubre de carros que atravesaban llenos de cadáveres. Gente arrodillada con los brazos en cruz y derramando lágrimas. Como ahora, la política seguía.

 

Mientras había miles de muertos, suciedad e insalubridad en la Ciudad de México, en el país la lucha política continuaba, había pasado la fugaz presidencia de Manuel Gómez Pedraza que gobernó por tres meses ante la caída justa y con razón del asesino de Vicente Guerrero, Anastasio Bustamante en 1832. Había un México “lleno de prisiones y conducidos en cuerda los hombres más notables por la persecución política”.

 

Frente a la epidemia hubo elecciones, los candidatos fueron Antonio López de Santa Anna y Manuel Mier y Terán, quedando como presidente Santa Anna, quien se retira a Veracruz, dejando a su vicepresidente Valentín Gómez Farías y a José María Luis Mora, gobernando de 1833 a 1834 y quienes producen las reformas eclesiástica, educativa y militar. Sujeción de la Iglesia al gobierno. Incautación de sus bienes y la libertad de pagar diezmos. Y la desaparición de la universidad en manos del clero y creación de la Dirección de Instrucción Pública Liberal. Frente a miles de muertos había política.

 

En ese año “horriblemente memorable” por el cólera morbo, al grito de “religión y fueros”, Santa Anna prohijó una República centralista en 1835, régimen que duró hasta 1846.

 

En ese lapso se perdió Texas, hubo “La guerra de los pasteles” contra Francia, perdió una pierna y la peste mató a los que tenían que morir por sus debilidades físicas, se supone que quedaron vivos los más fuertes. Y seguía la política y en ese entonces guerra entre mexicanos. ¿Cuántos miles de muertos por el cólera? Ni importaban.

 

Esto lo relato con palabras de Guillermo Prieto e Ignacio Manuel Altamirano, porque la naturaleza humana a pesar del peligro de sus propias vidas nos lleva a seguir disputando posiciones políticas y al parecer sin encontrar puntos de coincidencias. Todo esto entre más de 52 mil fallecidos y medio millones de infectados por el COVID-19 y sin tener por lo pronto fin a esa pandemia. Todos políticos y dueños del capital, lo importante es ganar gubernaturas y sobre todo la mayoría de la Cámara de Diputados. Primero las curules, luego la vacuna.

 

No dejo pasar otro ejemplo de esta conducta irracional de los sistemas políticos. ¡Renuncien o la horca! Es el grito en las calles de Beirut, después de la explosión que se produjo el martes pasado, que quedará en las mentes del mundo con ese aterrador hongo que se produjo y llevó a la destrucción del puerto marino, la muerte de 158, más de 5000 heridos, 80 desaparecidos y 300 mil personas sin casa.

 

Responsabilizan al gobierno de la explosión de nitrato de amonio. Luchas fratricidas en el sufrido país de Líbano. El ministro Hasan Diab propuso celebrar elecciones parlamentarias anticipadas.

 

Para lo humano, tal parece que primero es la política, después la salud, no importan las desgracias.

 

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